Segovia

La historia de la muralla de Segovia

La ciudad de Segovia, debido a su posición geográfica sobre un espigón rocoso creado por la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, siempre ha sido un lugar con un elevado valor estratégico. Aunque cuenta con destacados barrancos que la protegen de posibles asaltos, a lo largo de su historia ha sido necesario construir diferentes recintos defensivos que protegieran los puntos más vulnerables.

Vista general de Segovia - Ayto. Segovia
Alcázar y Catedral - Ayto. Segovia

Los indicios más antiguos que señalan la presencia de un conjunto defensivo pertenecen a los siglos IV-V a.C. Se trata de un foso tallado en la roca que atravesaba de norte a sur la ciudad por lo que hoy es el barrio de las canonjías, protegiendo el castro indígena que se asentaba en el espigón en donde hoy está el Alcázar. Este foso rupestre, cuyos extremos son hoy visibles, posiblemente tuvo asociada una primera cerca de la que por el momento no se han encontrado restos.

Foso celtibérico; Extremo norte - Ayto. Segovia

Sí que se ha localizado parte de la muralla arévaca atribuida a un segundo momento de fortificación del castro a finales del siglo II a.C. En este periodo de inestabilidad militar y también como consecuencia de un aumento de la población de Segovia, se anula el carácter defensivo del primer foso, posiblemente se derriba la primera muralla, y se levanta esta segunda, cuyo foso previo parece haberse documentado en la calle Judería Nueva. El tramo conocido de la muralla celtibérica, que será descrito en párrafos posteriores, se encuentra en el extremo noroeste del recinto amurallado, entre el recinto del Alcázar y la puerta de Santiago de la muralla medieval.

Con la llegada de Roma, a finales del siglo I e inicios del siglo II d.C., al menos esta parte muralla prerromana pierde su carácter defensivo, se desmantela parcialmente y es reutilizada como cimentación de una nueva estructura de la que apenas se conservan unos sillares y cuyo uso aún nos es desconocido.

De las defensas romanas y altomedievales no hay información clara. Posiblemente, al igual que ocurre en otras ciudades de la meseta, existiera una muralla que circundara la zona alta de la ciudad. Así parece intuirse en algunos cubos y tramos de muro, concretamente en los lienzos del lado norte del recinto del Alcázar, pero aún están en proceso de estudio y no se puede concluir nada al respecto.

El origen de la muralla actual de la ciudad data del siglo XII, momento de la repoblación castellana al sur del Duero. Es en este periodo cuando la ciudad crea el actual perímetro defensivo de unos 3000 m. de longitud y del cual se conserva prácticamente la totalidad de su recorrido, mostrando una gran variedad constructiva, fruto de las reparaciones y actuaciones realizadas en distintos momentos de la Edad Moderna y Contemporánea.

El sustrato calizo es la base en la que se apoya. En la mayor parte de su recorrido se asienta directamente sobre la roca, sólo en algunos puntos fue necesario realizar una zanja de cimentación excavando los depósitos de tierra subyacentes hasta localizar la base sólida caliza. Una vez se adecúa la plataforma, se realiza la cimentación con sillares de caliza o granito, muchos de ellos de época romana. El alzado de los muros se levanta en mampostería, normalmente mediante la técnica del encofrado, conservándose aún hoy algunos de los huecos de los mechinales y las marcas de los cajones. El ancho del muro ronda los 2,5 m (9 pies) y la altura máxima es de unos 9,47 m (34 pies).

Originariamente la muralla contaba con cinco puertas: San Andrés, Santiago, San Cebrián, San Juan y San Martín. Las dos últimas hoy están desaparecidas, se derribaron a finales del siglo XIX para ampliar el ancho de dos de las principales vías de acceso al recinto amurallado, la Calle San Juan y la Calle Cervantes.

Muralla. Arco San Cebrián - Ayto. Segovia
Puerta de San Martín - Ayto. Segovia

Así mismo, se abrieron varios postigos para facilitar el acceso en otros puntos de la muralla, cuatro de ellos hoy se encuentran desaparecidos: del Obispo, del Alcázar, de la Fuente Cercada, de San Matías o Picado; otros cuatro hoy son transitables: San Juan de los Caballeros, del Consuelo o Santa Columba, de La Luna o del Rastro y del Sol, de San Miguel o del Corpus Christi.

También se edificaron varias casas fuertes, que formaban parte de la misma muralla y que fueron ocupadas por varias familias nobles: El Alcázar, la Casa del Sol o Matadero, la Casa de los Picos, la Casa de los Condes de Chinchón, de los Marqueses de Moya y la Casa de los Cáceres o Casa del Marqués de Lozoya.

Muralla Sur con el Alcázar al fondo - Ayto. Segovia

La muralla cumplirá su función defensiva durante varias revueltas acontecidas a lo largo de la Baja Edad Media e inicios de la Edad Moderna, pero una vez se asienta la estabilidad política con los Reyes Católicos, pasará a usarse como un mero lindero, apoyándose viviendas directamente sobre ella y comenzando los problemas sobre a quién corresponde su mantenimiento.

En el siglo XVII aunque los muros de la ciudad habían perdido en gran parte su valor militar eran cuidadosamente vigilados por el Concejo. Las murallas debían de estar en mal estado, pues Felipe II emitió una Real Cedula en Lisboa el 27 de julio de 1619 ordenando al tesorero y oficiales de la casa vieja de la moneda que entregaran 1500 ducados (562.500 maravedís) para ayudar al reparo de las puertas y muros de Segovia. Aun así es frecuente el saqueo de materiales constructivos (piedra y arena), sobre todo en el tramo comprendido entre las puertas de San Cebrián y de San Juan.

Durante los siglos XVIII y XIX continúa el abandono de la muralla, sólo con las Guerras Carlistas (1833-1840) se hacen algunas reparaciones. Es a finales de esta centuria cuando directamente pasa a considerarse como un estorbo urbanístico que impide el desarrollo de la ciudad industrial. Será el arquitecto municipal Joaquin Odriozola el encargado de llevar a cabo varias reformas urbanas que implicaron el derribo de las puertas de San Martín y San Juan así como los postigos del Sol y de la Luna.

A mediados del siglo XX, se realizan las primeras actuaciones de conservación y restauración de la muralla. Sin embargo, es con el comienzo del presente siglo cuando se han llevado a cabo las principales restauraciones, convirtiéndose la muralla en uno de los principales bienes patrimoniales de la ciudad.

Un recorrido por la muralla

En el itinerario aquí propuesto, no sólo se puede disfrutar de la muralla medieval, si no que se muestran otros elementos arqueológicos de especial interés que dan muestra de la evolución histórica de Segovia.

El recorrido tiene una longitud aproximada de 1 km y el punto de partida es el centro informativo de la muralla situado junto a la puerta de San Andrés. En las instalaciones de la empresa municipal de turismo se puede encontrar toda la información necesaria sobre la muralla de Segovia y se puede acceder al adarve y a la parte superior de la puerta.

La puerta de San Andrés, que toma su nombre de la parroquia situada en los jardines de la Merced, era la salida natural de Segovia hacia el valle del río Clamores. La primera referencia histórica que se conserva es de 1120 en un documento de cesión. De este primer momento son el arco de acceso y la torre septentrional. En las últimas décadas del siglo XV el arquitecto Juan Guas dirige las reformas que la dotaron de su actual aspecto, se levantó la torre sur y se colocó el escudo real situado sobre el arco a extramuros. A finales del siglo XIX las torres estaban en prácticamente arruinadas, fundamentalmente la sur, que finalmente serán reparadas en los años 70-80 del pasado siglo.

San Andrés - Ayto. Segovia
Sillares romanos San Andrés - Ayto. Segovia

Son varias las piezas reutilizadas de época romana que se encuentran en la cimentación de la puerta y en el lienzo que parte hacia el este. Entre ellas destacan varias estelas funerarias situadas en el primer cubo situado en la confluencia de las calles Leopoldo Moreno y San Valentín. En este lienzo también se puede observar claramente la técnica constructiva original de la muralla medieval.

A continuación el recorrido parte hacia el oeste, al exterior de la puerta, concretamente hacia el mirador que se asoma al valle del río Clamores. Justo enfrente, al otro lado del cauce, en el pequeño pinar, se encuentra la necrópolis judía. Será esta, la puerta de San Andrés, era uno de los accesos principales del barrio judío, situado en el espacio delimitado por esta, el barrio de las Canonjías y la sinagoga mayor, hoy iglesia del Corpus Christi.

Este punto sirve también para observar una de las principales obras de restauración que se han realizado en el monumento en estos últimos años. En la parcela en la que hoy se encuentra el centro informativo, hace unos años había varios edificios en estado de ruina y la muralla estaba prácticamente desaparecida. Con esta intervención se recuperó la cimentación del muro y se reconstruyó su alzado siguiendo la misma técnica constructiva hasta recuperar el volumen original.

Continuando la senda que parte al oeste paralela a la muralla, se puede ver cómo esta ha sido empleada como apoyo de varias casas particulares y cómo se han realizado varias reparaciones, más o menos acertadas, en algunos cubos y lienzos. Al fondo, sobre un espolón rocoso, enmarcada por tres de sus flancos por la muralla, se encuentra la Casa del Sol. Se trata de una antigua casa fuerte, destinada a matadero municipal desde 1452 hasta 1973 y hoy sede del museo de Segovia.

Muralla Sur - Ayto. Segovia

En la misma plataforma en la que se ubica esta edificación, son visibles los restos de varias estructuras rupestres, que aún no han sido objeto de un estudio arqueológico, pero que bien podrían cuadrar con un conjunto de estancias de época prerromana o romana similares a las identificadas en otros yacimientos del sur del Duero.

Rodeando el espolón y continuando por la senda en dirección al Alcázar, al llegar a la altura del cubo 76, justo donde la muralla comienza a girar de nuevo al oeste, se encuentra una nueva zona tallada en la roca. Los estudios arqueológicos que se han realizado en la zona no han aportado información sobre este punto, pero dadas sus características todo parece indicar que se trata de una antigua calle o acceso tallado en la roca, posiblemente de época romana.

Al otro lado del cubo, algo oculto, se puede observar otra estructura tallada. Se trata de un corte en la roca, casi vertical, que se corresponde con el extremo sur del foso defensivo excavado durante la Edad del Hierro, entre los siglos V-IV a.C., y que delimitaba el castro por el este. De este modo, el espacio que se situaba al oeste del foso y que hoy se encuentra ocupado por parte del barrio de las canonjías y el Alcázar, es el primer núcleo de ocupación de Segovia documentado hasta el momento.

El recorrido continúa paralelo a la muralla hasta alcanzar unas escaleras que nos conducen a la entrada de los jardines del Alcázar. En este tramo es interesante observar cómo se adaptó la construcción de la muralla a las condiciones que ofrecía la propia roca.

Una vez situados en la plaza de Juan Guas, marcado en el pavimento, se puede observar el trazado del canal del Acueducto en sus últimos metros de recorrido.

A continuación se deben dirigir hacia el norte, hacia el mirador desde el que se puede observar el valle del Eresma. Desde aquí, se continúa la visita por la calle del Pozo de la Nieve hasta alcanzar las escaleras que descienden hacia el valle, conocidas como las escaleras de la cueva de la Zorra. Este acceso es contemporáneo, no se corresponde con un antiguo postigo.

Tras bajar los primeros peldaños, se atraviesa la muralla por un punto en el que esta ha desaparecido casi por completo. Aquí se puede volver a ver con detalle el sistema constructivo del muro y cómo este se constituyó como una ampliación de la defensa natural creada por las paredes de roca.

El siguiente punto de referencia se ubica junto al acceso de la cueva de la Zorra. Esta oquedad, propia de la naturaleza kárstica de Segovia, no es visitable por la inestabilidad del terreno. Su interior, apenas estudiado desde un punto de vista arqueológico, alberga, entre otros elementos, una importante cantera de piedras de molienda o lagar, que pudieron ser explotadas durante la Edad Media.

Hemos de seguir descendiendo las escaleras, hasta alcanzar una bifurcación que parte a la derecha para encontrar el acceso original de la cueva, hoy totalmente sepultado bajo un gran derrumbe de bloques calizos. Este colapso, en un momento indeterminado de la Edad Moderna, provocó el abandono de las canteras del interior.

Al exterior aún hoy se conserva visible otra zona de explotación de materias primas. Se trata de una zona de extracción de sillares calizos que aprovecha una veta dura de la roca y tiene unas dimensiones de 6,5 m de longitud, 1 m de anchura y 1,8 m de altura. En ella pueden verse las marcas de extracción de, al menos, seis sillares y un sillar que se encontraba en proceso de talla pero que finalmente se quedó inconcluso in situ. El proceso de extracción de los bloques de piedra era mediante el picado de la roca por los diferentes laterales del sillar que pretendía extraerse. Parece que las cuñas sólo se emplearon para extraer los bloques por su base. No se puede determinar con exactitud la cronología de esta cantera, sólo se sabe que entre los siglos XIII-XV esta quedó totalmente abandonada y sepultada por sedimentos ricos en cerámica bajomedieval.

Muralla; Escaleras cueva de la Zorra - Ayto. Segovia
Cantera - Ayto. Segovia

A escasos metros de este punto, junto al cubo 60 de la muralla, bajo un saliente rocoso, se encuentran los restos de la primera muralla conocida de la ciudad. Los trabajos arqueológicos asociados a la restauración de la muralla medieval permitieron documentar la una de las secuencias constructivas más completas de la ciudad ya que abarca un periodo histórico de más de dos milenios (S. II a.C.- XX d.C.). Es el único lugar de Segovia en donde se han encontrado depósitos y estructuras con relación estratigráfica directa de la Segunda Edad del Hierro (S. II. a.C.) de época romana altoimperial (S. I-II d.C.), de toda la Edad Media (S. VI-XIII) y de época moderna y contemporánea (S.XV-XX).

Los estratos más modernos se corresponden con los depósitos vertidos a esta zona desde el siglo XV hasta nuestros días. Estas tierras cubrían la cimentación de la muralla medieval. Hasta ese momento se especulaba que la muralla, en todo su recorrido, se apoyaba directamente sobre la base rocosa sin necesidad de realizar una zanja en la que apoyar los cimientos. En esta ocasión, sin embargo, se pudo comprobar cómo no sólo se apoya en la roca, sino que también tiene asociada una zanja de 2 m de profundidad y casi 6 m de longitud en un punto en el que existía un potente nivel de sedimentos. Seguramente este hecho esté asociado a una mera cuestión práctica, era más sencillo realizar una fosa hasta alcanzar la base rocosa que no desmontar el potente paquete de tierras que existía previamente. Ahora puede observarse en la propia muralla una línea marcada por pequeños fragmentos de teja, que indican la parte del muro que se hallaba dentro de esta zanja de cimentación.

Bajo los estratos medievales se localizaron un conjunto de niveles con materiales plenamente romanos (s. I-II d.C.) que estaban asociados al muro de sillares que se puede observar y que pertenece a la esquina de un edificio. Está construido con grandes sillares de caliza que mantienen las huellas de las grapas con las que estaban unidos a través del sistema de “cola de milano”. La funcionalidad de este edificio se desconoce, una de las hipótesis que se baraja es la de una estructura vinculada a la creación de terrazas artificiales que ayuden a nivelar los terrenos y sobre las cuales se levantarían los edificios propiamente dichos. Tampoco se puede descartar que se trate de un edificio de carácter defensivo (muralla) dado el lugar en donde se ubica y las características estructurales del mismo.

Sin duda, el bien arqueológico más destacado es la muralla celtibérica. Este es el único punto de la ciudad en donde se han localizado ocho metros del lienzo de la muralla más antigua de Segovia perteneciente al núcleo urbano arévaco de finales del siglo II e inicios del siglo I a.C. Se levanta como prolongación de la defensa natural creada por la pared de roca, en un punto en el que esta desciende bruscamente. Se desconoce su desarrollo hacia el este ya que en época romana fue desmantelado para reutilizar varios de los bloques como cimentación de la nueva estructura altoimperial. Aun así es probable que esta muralla continuara en dirección este-sureste tratando de cubrir los puntos más vulnerables de la peña segoviana. Se trata de una estructura construida a base de grandes piedras calizas, cuya cara exterior está realizada en aparejo de sillarejo, con los bloques levemente escuadrados colocados a canto seco que se apoyan directamente en el sustrato calizo.

La senda a partir de este punto desciende hacia el paseo de San Juan de la Cruz. A escasos metros de la muralla celtibérica, al otro lado del cubo 60 de la muralla medieval, encontramos unas escaleras talladas en la roca. Se trataría de un antiguo acceso a la zona alta de la ciudad de posible cronología celtibérica o romana, la ausencia de otros datos arqueológicos han impedido aportar más datos a este respecto.

Muralla celtibérica - Ayto. Segovia
Acceso rupestre; Muralla norte - Ayto. Segovia

El siguiente cubo de la muralla, antes de descender por unas escaleras, sufrió un importante derrumbe en los años 90 del pasado siglo como consecuencia de la inestabilidad que presenta el terreno en toda esta ladera. Durante los trabajos de reconstrucción se recolocó una estela funeraria romana que fue reutilizada durante la Edad Media en la propia muralla y que hoy podemos observar en la zona baja del lienzo, a la derecha del cubo.

A continuación el recorrido continúa hacia el paseo de San Juan de la Cruz en dirección a la puerta de Santiago. Antes de llegar a la mencionada puerta, en el lienzo que está entre los cubos 58-59, se puede ver de nuevo el foso defensivo del siglo V-IV a.C. que ya se pudo ver en la vertiente sur de la ciudad. En esta ocasión se observa con claridad su sección trapezoidal, con una base plana y paredes rectas algo exvasadas.

La visita concluye en la puerta de Santiago. La primera mención que se tiene de la puerta es del año 1120 en el mismo documento de cesión de terrenos del concejo al cabildo en el que se menciona la puerta de San Andrés. Originariamente se la conocía como la puerta de Rodrigo Ordóñez, es a partir del siglo XIII cuando toma su nombre de la contigua iglesia de Santiago derruida en 1836.

Se trata de la puerta mejor conservada de las que tuvo la muralla. A simple vista se pueden ver claramente que ha sido objeto de diferentes fases constructivas. La más antigua, del siglo XII, es visible fundamentalmente en la fachada oeste, donde el acceso se realiza a través de un doble arco, el exterior de herradura, con fábrica mixta de ladrillo y mampostería. La fachada este, transformada a finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII, está realizada con sillares almohadillados de granito y restos de un marco decorativo. Estas mismas reformas también supusieron la reestructuración de la torre con un concepto utilitario acorde con los nuevos tiempos, muy diferente al uso defensivo y de cobro de portazgos de la época medieval. Se condena el baluarte superior con una cubierta a cuatro aguas y se dota de un nuevo acceso al cuerpo de guardia, que es el que actualmente está en uso.

Los usos de este espacio han sido de lo más dispares, desde albergue para pobres a estudio de pintores. Actualmente alberga el Museo de los Títeres de la colección de Francisco Peralta.

Puerta de Santiago - Ayto. Segovia
Puerta de Santiago - Ayto. Segovia