Santiago de Compostela

La muralla de Santiago de Compostela a lo largo de la historia

La ciudad de Santiago de Compostela, centro de reunión de millones de peregrinos de todo el mundo, se ubica en un sector de Galicia que constituye, en sí mismo, un lugar de encuentro desde el punto de vista geográfico. Por un lado, se enmarca en un área de transición entre las elevaciones de las sierras centro-occidentales (al este) y la costa atlántica de Galicia (al oeste). Por otro, ocupa una posición central dentro del principal corredor de paso que atraviesa Galicia en sentido norte-sur: la depresión meridiana gallega, un conjunto de depresiones encadenadas que se extienden desde Carballo a Tuy a lo largo de 150 km.
El relieve de la comarca de Santiago se caracteriza, así, por la presencia de formas aplanadas que, de forma escalonada, van facilitando el descenso desde las sierras interiores hasta el litoral. Se distinguen en la comarca dos escalones de altitud, uno que ronda los 400 m y otro los 300 (sobre este último se dispone la ciudad histórica). Estas formas planas fueron modeladas posteriormente por la red fluvial (la principal constituida al norte por el río Tambre y al sur por el Ulla). Dependiendo de la diferente intensidad de la erosión ejercida por el agua y del tipo de roca que conforma el subsuelo, el paisaje resultante será más o menos monótono.
Una buena panorámica del paisaje que caracteriza la comarca de Santiago se puede contemplar desde el Pico Sacro (ubicado dentro del ayuntamiento de Boqueixón que linda al este con el de Santiago de Compostela), prominente montaña de cuarzo que ha resistido los efectos de la erosión dentro de esa amplia “allanada” modelada sobre rocas básicas y ultrabásicas.

Panorámica de la comarca de Santiago, tomada desde el Pico Sacro en la que se observa el predominio de las formas aplanadas en la comarca compostelana - Ayto. Santiago

La ciudad compostelana y su entorno más inmediato son parte y prototipo de ese paisaje. La ciudad histórica de Santiago aparece flanqueada por cuatro colinas labradas por los ríos Sar y Sarela. La más prominente de ellas es en la que antaño se localizó la necrópolis donde reposaban los restos del apóstol y a partir de la cual se dispuso la ciudad. A las restantes (Belvís, Santa Susana y la Almáciga) se ha integrado recientemente en el tejido urbano la del monte Gaiás por la construcción del proyecto arquitectónico de la Ciudad de la Cultura.
Desde las colinas de Belvís, Santa Susana, Almáciga y Gaiás y, sobre todo desde el Monte Pedroso (al noroeste de la ciudad), se obtiene un dominio visual amplio del promontorio sobre el cual se construyó la ciudad medieval. Los desniveles generados por el encajonamiento de la red fluvial actuaron como barreras naturales definidoras de ese espacio intramuros.

Panorámica de la ciudad de Santiago tomada desde el Monte Pedroso, al fondo el Pico Sacro - Ayto. Santiago

Para conocer la historia de la muralla de Santiago de Compostela debemos retroceder hasta el siglo X. La creciente importancia de Santiago se manifiesta en este momento a través de diversos hechos que afianzan su desarrollo y consolidación urbanística. En primer lugar se produce una expansión del señorío eclesiástico de Santiago a través de una nueva donación, la de Ordoño II, según la cual el territorio compostelano adquiriría una extensión de 12 millas (989 km2). Por otro lado, se procede a la creación de nuevas comunidades religiosas que tendrán dos efectos inmediatos: la reorganización del locus y el movimiento de la población rural hacia las áreas suburbiales, atraídas por las posibilidades de negocio.
También el aumento de la peregrinación influye en el crecimiento del área suburbana de la ciudad, ante la necesidad de dar acomodo y ofertar servicios a esa población efímera que, por cierto, en no pocos casos acabará incorporándose a la población local (el caso más conocido es el asentamiento de comerciantes franceses en la rúa do Franco). El desarrollo de esta burguesía mercantil es un factor clave para comprender la transformación de Santiago de lugar santo (Locus Sancti Iacobi) a villa burguensis (Vila Sancti Iacobi).
El rápido y floreciente crecimiento de la villa compostelana convirtió a Santiago no sólo en un objetivo atractivo como referente de la cristiandad, sino también como una fuente segura de recursos. Las frecuentes incursiones normandas en las costas gallegas pusieron de manifiesto no sólo la necesidad de proteger el sepulcro, sino también el núcleo poblacional en torno a él originado. Estas razones conducirían a la construcción del gran hito urbanizador de la Compostela del siglo X: su primer sistema defensivo. Según asegura el profesor Fernando López Alsina, constituye el mayor esfuerzo de fortificación de toda la Alta Edad Media de Galicia.

El sistema defensivo lo componían dos circuitos diferentes. El primero estaba conformado por muro y torres reforzados con profundos fosos rellenos de agua. Su trazado discurría por el límite del antiguo locus, es decir, por las calles Acibechería, Preguntoiro, Xelmírez y cerraría aproximadamente por el lateral oeste de la Catedral. El segundo estaba compuesto por foso y empalizada, a modo de segundo anillo de protección, y su trazado discurría por las rúas de Rodas, Hospitaliño, Costa Vella, Costa de San Francisco, Carretas, Trinidad, Rajoy, Rodrigo de Padrón, avenida de Figueroa, Senra, Fonte de Santo Antonio, Ensinanza, Virxe da Cerca y Aller Ulloa.
Varios han sido los puntos de la ciudad donde han sido identificados restos asociados al primer circuito del sistema defensivo de Sisnando II (San Paio 19, Banco de España, Acibechería 29, subsuelo de la Catedral). Las estructuras relacionadas con el segundo (posiblemente identificadas en Senra 18, avenida de Rodrigo de Padrón y avenida de Rajoy) presentan problemas interpretativos importantes debido al impacto que la construcción de la segunda muralla tuvo sobre ese sistema de foso y empalizada.
Aunque todos los elementos asociados al sistema defensivo del siglo X aparecen vinculados al nivel del subsuelo (por lo que no pueden ser visitados), la configuración urbana actual permite reconstruir perfectamente el trazado de la antigua cerca a través del perfil curvo del encuentro del caserío de Preguntoiro con Acibechería y Xelmírez.

La calle Acibechería es el recorrido final urbano del camino francés de peregrinación a Compostela. Constituye, por esta razón, una de las calles más transitadas y de mayor animación de la ciudad compostelana. Su nombre hace referencia al gremio artesanal de los azabacheros, uno de los más poderosos de la ciudad durante la Edad Media.

El yacimiento localizado en el nº 29 de la calle permite reconstruir la historia del solar desde los siglos VIII-IX (etapa en la que este espacio fue usado como cementerio) hasta la actualidad (funcionalidad doméstica, uso que podemos retrotraer a los siglos centrales de la Edad Media).

La proximidad de este sector al edículo apostólico justifica que, en contraste con otros puntos coincidentes con el trazado de la cerca, el abandono y destrucción definitivos del sistema defensivo del siglo X se produjese entre los siglos XII y XIII (tal y como atestiguan los materiales asociados a los depósitos que colmataron el foso) y no cuando se levanta el sistema defensivo del siglo XI. La huida de Gelmírez en 1116, perseguido por los burgueses, por los tejados de las casas contiguas a la iglesia de la Corticela hasta alcanzar San Miguel de Agros, avalaría la conservación de la muralla altomedieval en esa fecha. Según nos cuenta el enclave arqueológico localizado en el solar nº 29 de Acibechería, el sistema defensivo del siglo X estaba conformado por muro, torres y foso. La muralla es un muro de mampostería de doble hoja de 1,85 m de ancho con relleno de piedra en su interior ligado con una arcilla de color amarillento. Aparece reforzada en este punto por una torre de planta rectangular. A unos 5 m al norte de la torre /muralla se abría un foso cuya anchura fue de, al menos 5 m. La profundidad del mismo fue de 3 m medidos a partir de la base de la torre.

El hecho de que el límite sur de la muralla estuviese un poco retranqueado hacia el sur con respecto al muro de la torre, es interpretado por los responsables de la actuación arqueológica por la existencia de una puerta en este punto.

Planta de las estructuras documentadas en Acibechería 29 - Rodríguez y Rey 1987
Sección de las estructuras documentadas en Acibechería 29 - Rodríguez y Rey 1987
Torre del sistema defensivo del siglo X documentada en Acibechería 29 - Rodríguez y Rey 1987

Entre el espacio que mediaba entre el foso y la muralla fueron registrados unos pozos o silos de características muy afines a los que veremos en los yacimientos de Franco 31 y Preguntoiro 23. En general, son de forma circular aunque algunos presentan forma de botella, haciéndose más estrechos hacia la zona subsuperficial. Si bien en el caso de Franco 31 y Preguntoiro 23 es claro que se trata de estructuras de almacenaje, el hecho de que parezcan coetáneos a las estructuras defensivas y que también hayan sido registrados elementos de iguales características en San Paio 19, no permiten descartar que estén relacionados con el sistema defensivo.
Las estructuras defensivas levantadas en el siglo X destruyeron parcialmente la ocupación anterior del solar que, de acuerdo con los restos analizados, habría formado parte del espacio cementerial existente en el entorno de la tumba del Apóstol Santiago desde época romana.

Los tipología y disposición de las tumbas parece corresponder a una cronología altomedieval (siglos VIII-IX). Se trata de tumbas excavadas en el sustrato rocoso que pueden o no tener forma antropomorfa. Todas presentan una orientación E-W con la cabeza orientada hacia el oeste. Los largos varían entre los 1,85 y 2,10 m, los anchos son variables aunque hay una tendencia clara a ser más estrechas en los extremos. Algunas de las tumbas conservaban una cubrición realizada con lajas de esquisto local y presentaban una laja hincada en cada uno de los extremos marcando así el límite de los enterramientos. En algunos de los enterramientos se sustituye la mampostería de esquisto por ladrillo ligado con argamasa.

El solar nº 19 de la rúa de San Paio es el único punto de la ciudad donde se conserva el foso del siglo X. La presencia del foso altomedieval en San Paio se evidenció durante las obras de rehabilitación del edificio actual, obra del conocido arquitecto Manuel Pereiro Caeiro de los años 1882-1885.
Las casas que se conocen en Santiago obra de Manuel Pereiro Caeiro son edificios de cimentación sólida para cuya construcción fue requerida la excavación de los terrenos hasta la roca. Cuando se procede a la excavación arqueológica de este solar en los primeros años del siglo XXI, llamó la atención de sus responsables que Pereiro hubiese renunciado a su proceder habitual, ya que parte de la cimentación del edificio se sostenía sobre un relleno de tierra. Ésa fue la primera pista que llevó a sospechar que el pasado medieval del solar aún permanecía sepultado.
El foso del siglo X se evidencia en el solar 19 de San Paio a través de la existencia de un potente rebaje en el sustrato rocoso de orientación N-S que ocupaba la integridad de la anchura del solar y que claramente continuaba bajo los muros medianeros de la edificación actual. La profundidad del foso conservada es de 4,5 m pero en su momento fue mayor. Las sucesivas urbanizaciones posteriores del solar uniformizaron la diferencia de cota existente entre los dos extremos del solar (rúas Preguntoiro y San Paio), de manera que en el sector del Preguntoiro la profundidad del foso debió de ser de, al menos, 7 m y en Santiago de 5,5 m.

Foso del sistema defensivo del siglo X descubierto en San Paio 19 - Rodríguez Fernández 2000
Foso del sistema defensivo del siglo X descubierto en San Paio 19 - Rodríguez Fernández 2000

La línea exterior del foso (la más alejada de la muralla que reconocemos con el nombre de contraescarpa) habría coincidido con la fachada del actual inmueble de Preguntoiro 26. Desde ahí se abría un profundo corte con sección en “U” abierta de 8,5 m de ancho que alcanza su punto más hondo en unos 6,5 m por debajo de la cota de la calle actual. Este sector más profundo, según apunta la documentación histórica, estuvo relleno de agua.
Desde la línea interior del foso o escarpa hasta la muralla, se dejó un espacio libre de, al menos 7 m, espacio en el que, al igual que en Acibechería 29, fue registrada la existencia de agujeros profundos excavados en el sustrato, tipo fosas o pozos, con planta tendente a óvalo o círculo que se consideran coetáneas a la construcción del sistema defensivo.
De acuerdo con la secuencia estratigráfica excavada en el interior del foso, parece que mientras éste estuvo en funcionamiento fue objeto de limpieza y mantenimiento constante. Sin embargo, hay un momento en que el que se produce un aporte masivo de escombro con la clara intencionalidad de inhabilitar la estructura. El foso se rellena de una sola vez con un depósito de piedra de construcción y tierra con abundantes restos de roca fragmentada del propio entorno. Esta acción se produce en el siglo XI coincidiendo con la construcción de la nueva cerca de la ciudad.
Una vez que el sistema defensivo pierde su función, la ocupación del espacio ocupado por muralla y foso es muy rápida y localizada en el tiempo. Es éste un aspecto que se comprueba en todos aquellos sectores de la ciudad donde ha sido registrada la cerca del siglo X, pero también en todos aquellos yacimientos relacionados con la Compostela de los siglos IX y X (Franco 31, Raíña 11, Preguntoiro 23, Acibechería, Banco de España). Esta fulminante ocupación de los terrenos tiene mucho que ver con la planificación urbanística de la ciudad iniciada tras el levantamiento de la nueva cerca en el siglo XI, promovida por el obispo Peláez y consolidada por Diego Gelmírez. El diseño y ordenación de la ciudad tuvo especial importancia en este sector intramuros, al ser el más solicitado por la población por su proximidad al lugar santo.

Antiguamente conocida como plaza dos Ourives, la plaza das Praterías constituye el único punto de la ciudad en el que, desde 1418, se permitía trabajar y vender sus productos a orfebres y plateros. La plaza está cerrada al este por una edificación que alberga la actual sede del Museo de las Peregrinaciones y de Santiago. El edificio es una obra del siglo XX concebida originariamente para albergar la sede del Banco de España. La excavación arqueológica, necesaria para proceder a la rehabilitación del edificio del banco como museo, descubrió que en el sector más meridional del sótano de la edificación se conservaba el foso del sistema defensivo del siglo X, cuyo trazado se prolongaba por debajo de la cimentación, invadiendo así parte de la calle Xelmírez.
A pesar de que la intención inicial era que el foso formase parte de la oferta divulgativa del Museo, por problemas de seguridad estructural tuvo que ser rellenado y sellado en el año 2014, por lo que no puede ser visitado.
La actuación arqueológica ha permitido saber que el foso de cierre de la Villa Sancti Iacobi discurría antaño por la actual rúa Xelmírez dibujando un leve arco en el sentido SE-NW. El fondo de la estructura acusaba un buzamiento claro hacia el oeste en el sector del solar situado más hacia el este, después adquiría una forma plana, respetando así la forma natural del relieve entre la Fonte Sequelo y la plaza das Praterías. Es probable que el foso se alimentase, en parte, de las aguas procedentes del manantial del que se nutre la Fonte Sequelo y que nace escasos metros por encima de su emplazamiento actual.

Foso del sistema defensivo del siglo X descubierto en los sótanos del edificio del Banco de España - Gil Agra 2013

La profundidad que se ha registrado es de unos 2,5 - 3 m, si bien, al igual que en el caso de San Paio, el nivel del sustrato fue rebajado en el siglo XX, cuando se acometió la construcción del Banco de España, por lo que el foso alcanzaba originariamente una mayor profundidad.
Las diferencias constructivas que se observan respecto al foso registrado en San Paio y Acibechería bien pueden responder a la adaptación del terreno preexistente. La construcción siempre ha sido una actividad costosa, por lo que aprovechar las ventajas y desventajas que ofrece la orografía natural, para construir de manera eficaz con la menor cantidad de recursos disponible, ha sido una constante en la historia de la construcción hasta muy entrado el siglo XX.
En ese sentido, la construcción del foso en este punto estuvo marcada por dos factores: la excesiva pendiente del terreno y la abundancia de agua. De esta manera se optó por ejecutar un foso con sección en “V” abierta. La contraescarpa del foso (o sector más exterior a la muralla) aparecía compartimentada en cuatro espacios diferentes mediante la existencia de tres muretes, tres resaltes realizados en la propia roca en sentido N-S, es decir, de manera transversal al sentido del foso. La existencia de esta compartimentación facilitó las labores de achique de las aguas del interior del foso, produciendo pequeñas zonas de acumulación que se concentraban en la orilla inferior de la escarpa.

Aunque la ocupación del foso, una vez el sistema defensivo perdió su función, se produjo de una manera muy rápida y localizada en el tiempo, parte de la estructura (su sector más meridional) se mantuvo abierta para facilitar la evacuación de las aguas procedentes de los manantiales de la zona.

Sistema de compartimentación del foso para facilitar su mantenimiento y limpieza - Gil Agra 2013
Potencia de las tierras que colmataron el foso y algunos de los materiales documentados - Gil Agra 2013

Los depósitos de tierra utilizados para rellenar el foso en Platerías contenían abundante cultura material de época medieval plena (siglos XI y XII), entre la que destaca una importante colección de material orgánico. La abundancia de agua facilitó la atmósfera ideal de conservación para estos elementos de carácter perecedero que nos acercan a los modos de vida de la Edad Media. Destaca dentro de la colección el registro de diversas piezas de menaje de cocina de madera (plato, jarra, …), y un fragmento de un yugo de un arado, además de algunos elementos de cuero.

Fragmento de yugo de madera de pino procedente o bien de un yugo de hombro o de un yugo cornal recuperado del relleno del foso - Porto Tenreiro 2013

Precisamente la superficialidad del nivel freático debido a la abundancia de agua y el tipo de terreno que aquí existe, de textura muy blanda, generalizó durante la Edad Moderna un sistema de cimentación económico pero eficaz. Este método, que se conocía a través de la documentación histórica por su uso en las vecinas casa do Deán y casa do Cabildo, ha sido constatado por la arqueología tanto en los sótanos del Banco de España como en el solar nº 11 de la Raíña.

Restos del sistema de cimentación para terrenos blandos del siglo XVIII descubuierto en los sótanos del edificio del Banco de EspañaGil Agra 2013

Esta técnica consiste en asentar la estructura muraria sobre puntones de madera que se hincan en los terrenos blandos de naturaleza arcillosa, de forma que se facilita el drenaje de los terrenos. La construcción y asiento de los muros de la manera convencional habría actuado como dique de contención de aguas y afectaría a la estabilidad del edificio, por lo que no podía ser utilizada. Este sistema se utilizó de manera generalizada en el siglo XVIII, al menos en este sector de la ciudad.

Una vez descritos los distintos puntos del sistema defensivo del siglo X favorecido por el obispo Sisnando II, se puede ver con claridad como queda evidencia la clara de la jerarquía social que a nivel urbanístico existía en la Vila Sancti Iacobi: la primacía del sector que antaño ocupaba el antiguo locus (protegido por un sistema defensivo a base de torreones, muralla y foso) frente al área suburbial desarrollada en torno a los antiguos vici de Campo, Lovio y Vilar (protegida únicamente por una empalizada y foso).

La Villa Sancti Iacobi (900-1040) en el contexto de la ciudad y detalle de su organización - López Alsina 2013: 255-256
La Villa Sancti Iacobi (900-1040) en el contexto de la ciudad y detalle de su organización - López Alsina 2013: 255-256

El siglo X se rematará con un incidente dramático para la historia de Compostela: la aceifa de Almanzor del año 997. De sus devastadoras consecuencias sólo se libró el sepulcro del apóstol Santiago.

La principal consecuencia que la aceifa de Almanzor tuvo a nivel urbanístico fue el levantamiento de un nuevo sistema defensivo que reforzó el existente y protegió por igual ambos sectores de población (locus y área suburbial), al trazar la nueva cerca por el lugar por donde antaño discurría la antigua empalizada que protegía el área suburbial. El espacio que quedará comprendido dentro de esta nueva muralla será objeto de una profunda remodelación urbanística durante los siglos centrales de la Edad Media. Nace así la Civitas Sancti Iacobi, la ciudad de Santiago Apóstol, la urbe medieval.

La Civitas Sancti Iacobi (CA.1150) en el contexto de la ciudad - López Alsina 2013: 255-256
La Civitas Sancti Iacobi (CA.1150) en el contexto de la ciudad - López Alsina 2013: 255-256

La cerca construida en el siglo XI por Cresconio tenía una longitud aproximada de 2 km y una superficie interior de unas 30 hectáreas. Tenía una forma de riñón que todavía es reconocible en el plano actual de la ciudad con su eje mayor orientado en dirección N-S, siguiendo aproximadamente la curva de nivel de los 250 m. El trazado de la muralla siguiendo su línea exterior coincidiría con las calles de Rodas, Hospitaliño, Costa Vella, Costa de San Francisco, Carretas, Trinidad, Rajoy, Rodrigo de Padrón, Avenida de Figueroa, Senra, Fonte de Santo Antonio, Ensinanza, Virxe da Cerca y Aller Ulloa, es decir, respetando el mismo trazado que antaño ocupó la empalizada y foso de Sisnando II y, en algún caso, parece que antes que inutilizar esas estructuras previas, las reutilizó con fines constructivos.
El sistema defensivo de Cresconio estaba conformado por muralla, torres y foso. El recinto tuvo originariamente siete puertas en las que desembocaban algunos de los principales caminos de acceso y salida de la ciudad.

Restos de la muralla medieval decubiertos en la avenida de Rajoy - Parga Castro 2013

Desde su levantamiento en la segunda mitad del siglo XI la muralla tuvo una vida muy azarosa. La presión urbanística, la estabilidad en las relaciones internacionales, y el elevado coste de mantenimiento de la cerca, fueron algunos de los factores que desencadenaron su progresiva desaparición durante la edad moderna, hasta precipitar su total desaparición en el siglo XIX.
Sin embargo, su huella en el urbanismo de la ciudad es imborrable a través de los vestigios que de ella nos han llegado. Algunos de ellos yacen escondidos en el subsuelo de la ciudad y sólo se ha podido acceder a ellos a través de excavaciones arqueológicas, pero otros permanecen fosilizados a través de su integración en edificaciones posteriores, en el diseño del parcelario actual o en la toponimia. A continuación se seleccionan los puntos más ilustrativos desde el punto de vista arqueológico para tratar cada uno de estos aspectos de la cerca.

El sistema defensivo promovido por el obispo Cresconio comprendía los siguientes elementos (enumerados desde el interior al exterior de la cerca): pomerio o camino de ronda interior, muralla (con torreones) y foso. El único yacimiento en el que hasta el momento han sido identificados todos ellos de manera conjunta es en el subsuelo de la avenida de Rajoy. Esta calle, cuyo nombre evoca a un ilustre personaje de la Compostela del siglo XVIII responsable, entre otros, de la promoción del edificio que cierra por el oeste la plaza do Obradoiro (seminario de confesores o pazo de Raxoi), antaño recibió otras denominaciones como Inferniño de Arriba o calle de las Madres, en alusión a la existencia de una casa de las Madres Mercedarias o Mercenarias (como así las referencia la documentación histórica).

Los restos asociados al sistema defensivo medieval una vez excavados y registrados, ante la imposibilidad de recuperarlos para el espacio público de la ciudad, fueron protegidos y tapados de nuevo para favorecer su conservación. Por tanto el yacimiento no está visible ni se puede visitar.

Muchos son los testimonios que conservamos de la edad moderna que denuncian el lamentable estado de las murallas de Santiago. Sirvan como ejemplo estas palabras de Jácome de Montaos de mediados del siglo XVI que denuncian que la muralla “está derribada por muchas partes especialmente al postigo de San Fis e cabe la puerta de Maçarelas e por otras muchas partes e estan los dichos muros sin almenas e petriles e sin puertas en la dicha çiudad”; o las contenidas en el informe de Antonio Ozores de Sotomayor a finales del mismo siglo “esta toda la muralla, como no tiene otra argamasa sino tierra, con tantas matas de árboles y hedras…que no son menester otras hescalas que las que agora tienen y son arto bastantes para subier por ellas” las entradas “tienen neçesidad de reparo…porque, aunque se les an puesto puertas, hes como si no las tuviesen por ser algunas tan cortas que no llegan a çerrar poco mas de la mitad, quedando abierto todo lo que es arco, y esto se bera en la puerta que caye a San Francisco que muy olgadamente caben tres o quatro ombres por lo que queda abierto, y en otras entran y salen por debaxo”.

El expediente de Antonio Ozores de Sotomayor, acompañado de tres levantamientos de la muralla con representación de los elementos y calles más representativos de la ciudad histórica, se conserva en el Archivo General de Simancas. Constituye el documento que más y mejor información ha aportado, hasta el momento, de la muralla medieval.

Uno de los tres levantamientso de la muralla de 1595 contenidos en el expediente que se conserva en el archivo general de Simancas - A.G.S. MPD,06,107

El objetivo de este documento era presentar el estado actual de la muralla y sus diferentes elementos y proponer las medidas necesarias para su correcta reconstrucción, ineludible en este momento para garantizar la defensa de la ciudad ante la constante presión de la armada inglesa sobre nuestras costas. Así, se propone como única solución viable “sacar toda la muralla desde los çimientos para que baya con alguna fortificaçion de argamasa, pues la que agora tiene es solo tierra en questan asentadas las piedras, que, en cayendo, todo lo demás, como hes tierra y de tantos años, se ba desmoronando, y ansi, la bemos caer con cualquier biento y agua, que no falta en esta çibdad”.
Sin embargo, es más que probable que la labor reconstructiva llevada a cabo entre finales del siglo XVI y principios del XVII fuese una amplia intervención de parcheo (como así la denomina uno de los grandes estudiosos de la ciudad, el profesor Andrés Rosende) pero, en todo caso, eficaz.
En consecuencia, los restos arqueológicos que a nosotros han llegado de la muralla medieval, si bien son fruto de una historia reconstructiva importante, parece probable que conservarían, en esencia, sus modos constructivos medievales. Pasamos seguidamente a describirlos comenzando con este yacimiento de la avenida de Rajoy.

Los restos de muralla conservados en la avenida de Rajoy nos permiten saber que la muralla tuvo, al menos en este sector, una anchura de 2,6 m y una altura que probablemente alcanzaría los 5-6 m de altitud, alcanzando así la cota de la plaza do Obradoiro. Para acomodar un sistema de cimentación capaz de sostener tan prominente estructura a la orografía natural del terreno (una ladera con pendiente pronunciada hacia el oste), fue necesario excavar los terrenos, en ese momento dedicados a huertas de abastecimiento de la villa compostelana, y regularizar el sustrato rocoso. El sistema está conformado por un muro construido con mampostería de piedra de origen local, muy regular en la cara externa. La razón por la que se ha conservado hasta la actualidad reside en que ya, en origen, el alzado de ese muro estuvo enterrado para garantizar la estabilidad de la estructura.
La cuidada factura de las cuatro hiladas más superficiales de ese muro debieron estar visibles en la antigüedad, puesto que están construidas con aparejo más regular dispuesto de hiladas horizontales bien alineadas.
Los torreones que se dibujan en el levantamiento de la cerca de 1595 sabemos, gracias a la intervención de Rajoy, que al menos en este punto estaban trabados y no adosados a la estructura. El alzado exterior de la torre sobresalía aquí del de la muralla 1,60 m. Se combina en la construcción de los torreones mampostería y sillería de calidad, reservando esta última para las zonas estructuralmente más vulnerables, como los esquinales de la torre. Es además en los esquinales donde se utiliza la sillería de mayor tamaño y mejor labra. Estos aspectos constructivos coinciden con los de los torreones que aún se mantienen en pie: fuente de Santo Antonio, plaza da Oliveira y puerta de Mazarelos.
Aunque la torre no fue excavada en su totalidad, parece que su anchura alcanzó, al menos, los 4,20 m y su altura 5,70 m.
Al igual que el sistema defensivo anterior, muralla y torreones fueron reforzados con la excavación de un foso que tuvo en origen unos 6 -7 m de anchura. A diferencia del sistema defensivo del siglo X, la escarpa del foso (el punto más próximo a la cerca) se dispone inmediatamente después del alzado exterior de la torre. La zona de la contraescarpa se dispone bajo las cimentaciones de los edificios de la alineación oeste de la calle de Rajoy, por lo que nada podemos precisar sobre sus características.

El foso tuvo una vida tan azarosa como la propia muralla. Fue intencionalmente rellenado, re-excavado, colmatado de nuevo… acciones que supusieron una progresiva disminución de sus dimensiones hasta que definitivamente queda inutilizado a finales de la Edad Media.
La primera colmatación o relleno del foso coincide en el siglo XII, momento en el que se están abordando la construcción de la catedral románica y la plena urbanización urbana de Gelmírez.
A juzgar por el tipo de materiales registrados y la rapidez y concreción cronológica con la que se produce el relleno, parece que el foso fue habilitado en este momento como vertedero de obra por los constructores de la ciudad. Esta colmatación llegó a cubrir, incluso, la base de la torre exhumada en los trabajos arqueológicos, por lo que no resultará difícil comprender la urgente necesidad que en el siglo XIII surgió de recuperar el sistema defensivo, completamente ineficaz en caso de asedio.

Recipientes de cerámica y puntas de aguja recuperadas durante las excavaciones de la avenida de Rajoy - Parga Castro 2013

De esta manera en el siglo XIII se re-excava la estructura aunque un mal mantenimiento y limpieza del foso produce una nueva fase de colmatación entre los siglos XIII y XIV.
En el siglo XV se procede a recuperarlo aunque en lugar de reexcavar toda la superficie del foso se procede a acondicionar un sector de 2-3 m y una profundidad de 1 m. A partir de ese momento, el foso se irá colmatando de nuevo de forma natural y su espacio se va ocupando poco a poco con construcciones de particulares gracias a los foros que el ayuntamiento va concediendo a los vecinos de la ciudad.
Sin embargo, no sabemos si por labor reconstructiva de época moderna o por una clara voluntad de mantenimiento de las estructuras murarias del sistema defensivo, la muralla era perfectamente visible cuando se accedía a la ciudad por el sur y el oeste, tal y como se refleja en el grabado que de la ciudad compostelana hizo Pier María Baldi en el año 1669.

La rúa de Entremuros, cuyo nombre evoca a su antigua función de camino de ronda interior de la muralla medieval, alberga el único tramo de muralla de la ciudad que se conserva en pie. La “fosilización” de este tramo de muralla es realmente anecdótica dentro del conjunto compostelano, aunque probablemente no sea la única. Tanto en Entremuros como en otros puntos de la ciudad no se puede descartar que hayan quedado fosilizados tramos de la cerca, habida cuenta que la muralla no fue derruida sino reutilizada como muro de carga de nuevas construcciones.

La datación de las tierras y morteros utilizados como relleno de la muralla medieval han confirmado que el tramo de cerca que se conserva en Entremuros 18 formó parte de la primitiva estructura del siglo XI. Fue ésta un muro construido con mampuestos de esquisto y granito muy heterogéneos en forma y tamaño pero que se disponen siempre horizontalmente, a modo de soga (sobre todo los que tienen forma rectangular) creando tongadas regulares. Dos de las piezas presentan un agujero circular de pequeño tamaño cuyo origen podría estar relacionado con la extracción de la piedra en origen, su manipulación o traslado, o simplemente para adaptarlas a algún servicio. En algunas piezas da la impresión de que se talla la cara exterior in situ, es decir, cuando estaba ya dispuesta en el muro, pero la mayoría presentan el corte de extracción directa, sin tratamiento posterior. Las juntas están rellenas de tierra orgánica, oscura y suelta, aunque en algunas zonas es más rojiza y parece arcilla. Las juntas están calzadas con ripios, algunos de los cuales podrían ser fruto de reparaciones de mantenimiento posteriores, como es el caso de los fragmentos de teja documentados en el mortero que rellenan algún hueco del muro.

El ancho de la cerca fue en este punto de 2,5 m, de los que 90 cm corresponderían al adarve o camino de ronda, y 80 cm a cada una de las caras del muro (paradós y parapeto). Su altura fue de unos 6,70 m, de los que 1,70 m corresponderían a los muros que conformaban paradós y parapeto. El adarve o camino de ronda estuvo pavimentado con un enlosado de esquisto de bastante regularidad y calidad constructiva.

¿Por qué se conservó este tramo de muralla en Entremuros 18? El mantenimiento de la muralla era una labor muy costosa que siempre preocupaba a las arcas municipales. Una de las soluciones predilectas del Ayuntamiento y el Cabildo consistía en el aforamiento del espacio ocupado por sus instalaciones, permitiendo que se construyesen viviendas adosadas a la cerca, pero siempre con la garantía de que quien recibía tal privilegio debía encargarse de que la cerca permaneciese en buen estado y demoler las edificaciones en caso de que fuese necesario por motivos de seguridad ante asedio o enfermedad. La cerca fue poco a poco desapareciendo al perder su función, pero no en todos los casos se destruía, hay que pensar que la construcción en aquellos momentos era muy cara y la labor de reutilización de estructuras preexistentes era muy común. La buena conservación del lienzo en este punto pudo ser determinante para que sus sucesivos propietarios decidiesen no derribarlo, pero sin duda, debió de tener peso el hecho de que derribarla resultaría mucho más costoso que mantenerla.
Un ejemplo muy claro de ello lo tenemos en el vecino sector de Virxe da Cerca. En una fotografía histórica de principios del siglo XX se visualiza claramente cómo los muros de fachada del entonces convento de San Agustín se habían construido reutilizando los de la propia cerca (véase figura).

Tramo de muralla conservado en Entremuros 18 - López Cordeiro 2009
Fachada del convento de San Agustín en 1915 - Tomado de Cabo y Costa 1996: 143

En los sótanos de la cafetería Muralla, en el nº 18 de la calle da Senra, se pueden visitar los restos del sistema defensivo compostelano del siglo XI. Pese a lo que anuncia el nombre de la cafetería, lo que aquí se conserva no es el lienzo murario de la cerca, sino los restos de uno de sus torreones defensivos y parte del foso perimetral.

Las fuentes históricas sugieren que la muralla de Cresconio se emplazó sobre el segundo circuito de los dos que contaba el sistema defensivo anterior del siglo X, es decir, el sistema de foso y empalizada que protegía las aglomeraciones de población que existían en el área inmediata al locus. Cabe pues preguntarnos ¿de qué manera afectó la construcción de la nueva muralla al sistema defensivo anterior? ¿supuso su total destrucción o fue de alguna manera reutilizado?

Alzado de las estructuras documentadas en Senra 18 - Bonilla 1994 tomado de Parga Castro 2013

De acuerdo con los datos arqueológicos de los que se dispone, al menos en este punto de la ciudad, parece que el foso del siglo X fue reutilizado como zanja de cimentación para albergar las torres que reforzaban la muralla medieval. Asimismo, en etapas posteriores, cuando el espacio inmediato a la cerca fue urbanizado, la cavidad del foso fue de nuevo utilizada para albergar las cimentaciones de nuevas construcciones (como aquella de la que conservamos el muro que se puede visualizar desde la cafetería).

Parece que originariamente el foso del siglo X tenía una sección en “U”, que apenas puede apreciarse porque en el siglo XI la estructura fue cortada para albergar la cimentación del torreón. El torreón coincidiría con el edificio del solar nº 16 de la rúa da Senra, de hecho su alzado este está alineado a nivel de subsuelo con el de la torre.

Alzado del Torreón y sección del foso de Senra 18 - López Cordeiro 2009
Alzado del Torreón y sección del fosos de Senra 18 - López Cordeiro 2009

El torreón presenta las mismas características constructivas del resto de torreones que han llegado a nosotros. Se trata de un muro realizado con mampostería de esquisto muy regular y sillería de granito dispuestas a soga y tizón. Esta última es reservada para las esquinas de la estructura. El muro se asienta sobre un zócalo de cimentación que presenta la misma técnica de edificación, es decir, reserva la sillería de granito para los esquinales y la dispone con el sistema de soga y tizón. Las juntas están dispuestas a hueso, es decir, sin ningún tipo de argamasa o mortero, aunque en donde la piedra empleada como aparejo es más irregular las juntas se rellenan con ripios y tierra para rellenar.
La escarpa del foso correspondiente al sistema defensivo del siglo XI comienza inmediatamente después del torreón, al igual que ocurría en el sector de cerca de la avenida de Rajoy, por lo que yace sepultado bajo la calzada de la calle da Senra.

Alzado del Torreón y sección del foso de Senra 18 - López Cordeiro 2009
Pomerio o camino de ronda interior en Entremuros y en Entremurallas - López Cordeiro 2009

Otra de las aportaciones de este sector de Compostela para el conocimiento de la muralla medieval es, sin duda, la conservación del camino o servidumbre de paso que existía entre la muralla y las edificaciones de la ciudad. De acuerdo con los restos conservados en el subsuelo del nº 18 de la calle da Senra, la cara interna de la muralla vendría a coincidir con la línea de fachada de los inmuebles emplazados en la alineación sureste de la calle de Entremurallas, es decir, la línea de caserío que adosa inmediatamente por el noroeste con la de A Senra. La pervivencia en el callejero del topónimo Entremurallas es indicativa de que esa servidumbre de paso, en efecto, circulaba por aquí. Este tramo de pomerio se conserva por todo el sector sur de la ciudad, abarcando de noroeste a sureste las calles de Entrecercas, Entremurallas y do Peso. El topónimo de esta última también alude a la existencia de la muralla, por cuanto en las puertas de la ciudad era el lugar donde se emplazaba el peso de la harina. La toponimia es también la herramienta que nos permite constatar la conservación del pomerio en el tramo comprendido entre la puerta de Camiño y puerta de Pena: calles de Entremuros y Atalaia.

“Esta ciudad está muy bien cercada con buena muralla, la cual está edificada por todas partes sobre peña; tiene muchos torreones y muy espesos, cada uno con su plaça de armas y todo ello con sus almenas”. Estas palabras, escritas en la primera década del siglo XVII por el cronista Jerónimo del Hoyo, dan la imagen de Santiago como una fortaleza inexpugnable a la que sólo era posible acceder a través de sus puertas, estratégicamente situadas en los puntos donde desembocaban los principales caminos de acceso a la ciudad.

El recinto defensivo contó originariamente con siete puertas que son las que nos describe el Libro V del Códice Calixtino. La más importante de todas ellas, por concentrar el mayor peso del tráfico de personas y mercancías, fue la puerta Francigena o puerta del Camino, en la que desembocaba el camino de Castilla y de Francia. Si seguimos el trazado de la muralla hacia el oeste nos encontraríamos, en primer lugar, la puerta Penne o de la Peña, ubicada en la actual puerta de San Roque, que canalizaba el tráfico de los caminos del norte. También la puerta Subfratribus o de San Francisco, recibía a los vecinos del norte. La puerta del Sancto Peregrino o de la Trinidad, emplazada al oeste de la ciudad, era la salida utilizada por los peregrinos que prolongaban su peregrinación hasta Finisterre. Los peregrinos procedentes de Portugal y de los puertos de Noia, Muros y Padrón entraban a la ciudad por la puerta de Faiariis o Fajera y también por la puerta da Mamoa o de Sussanis. Peregrinos y mercancías procedentes de Ourense también utilizaban esa puerta, aunque más comúnmente la de Macerellis o Mazarelos, emplazada en la zona este de la ciudad.

El crecimiento urbanístico de Compostela y las nuevas necesidades de la población favorecieron la apertura de nuevos accesos. En relación con el primero hay que mencionar la apertura en el siglo XIII de la puerta Nova da Vila o puerta da Rúa da Pena, emplazada en la actual calle da Pena. Con posterioridad (a lo largo de los siglos XIV y XV) se abrirán otras puertas menores o postigos como los de las Algalias, San Fiz y do Souto. El postigo de San Fiz, por ejemplo, estuvo prácticamente destinado al servicio del pazo del Conde de Altamira, antaño situado en el área que ocupa el mercado de abastos.

Las puertas de la antigua muralla son fácilmente reconocibles en el plano de Compostela, por cuanto continúan siendo los principales puntos de acceso a la ciudad histórica. Sin embargo, sólo una de ellas conserva la estructura con arco que facilita su identificación como antigua puerta de la ciudad: la puerta de Mazarelos. ¿Hasta cuándo estuvieron en pie las otras puertas de la ciudad? y ¿Por qué no se destruyó el arco de Mazarelos.

Los arcos que delataban las puertas de la ciudad de Santiago existieron hasta el siglo XIX. Aunque las razones defensivas hacía tiempo que no justificaban su mantenimiento, su efectividad para controlar epidemias y, sobre todo, para recaudar impuestos, justificaron su conservación hasta época contemporánea. De hecho, los últimos proyectos reconstructivos de las puertas datan del siglo XVIII, como los de la puerta de San Francisco y de la misma puerta de Mazarelos, objeto de reconstrucción en el año 1751.

Proyecto Reconstructivo del año 1741 para la Puerta de San Francisco - AHUS. AM Consistorios. Libro 157, 135R y 136R, extraído de Vigo 2012
Proyecto Reconstructivo del año 1741 para la Puerta de San Francisco - AHUS. AM Consistorios. Libro 157, 135R y 136R, extraído de Vigo 2012

El coste de mantenimiento, la presión urbanística y las necesidades del nuevo tráfico rodado son las principales causas que provocarán la desaparición de las puertas en el siglo XIX. Ésta se produce algunas veces de manera progresiva, como la de la puerta del Camino. Su sistema de doble arco fue objeto de demolición en dos fases. La primera tuvo lugar en el año 1800 cuando se procedió a demoler el arco interior para ensanchar el vano y facilitar así el tránsito de carruajes y procesiones. La segunda y definitiva tuvo lugar en 1835.

La puerta Faxeira en el grabado de Pier María Baldi de 1669 - Extraído de Taín Guzmán 2012

La documentación histórica y la puerta de Mazarelos son las fuentes principales para poder reconstruir el aspecto originario de las puertas de la muralla. Todas ellas contaban con una estructura de arco que podía ser doble como en el caso de la puerta do Camiño. Aparecían flanqueadas por sendos torreones que fueron, con excepción de la puerta Faxeira, de planta cuadrangular o rectangular. El dibujo realizado por Pier María Baldi en el siglo XVII muestra la puerta Faxeira flanqueada por sendos torreones de planta semicircular.
La larga pervivencia en el tiempo de la muralla y su incierta vida provocó una constante labor de reconstrucción y parcheado que, en muchos casos, supuso la reutilización de aquellos elementos que presentaban un buen estado de conservación. Este es un aspecto que se puede comprobar en la actual puerta de Mazarelos. Si bien el arco es una reconstrucción del XVIII, la estructura conserva en la jamba oeste uno de los torreones que la defendían.
La lectura estratigráfica de alzados es un método de análisis utilizado en la arqueología para diferenciar, ordenar y datar las fases por las que han pasado los edificios desde su origen hasta la actualidad. A través de él se identifican los diferentes elementos que componen un edificio histórico, cuáles son producto de la construcción original, cuáles son añadidos, de manera que se pueda reconstruir una secuencia lógica de las fases constructivas, destructivas y reconstructivas de la edificación. Esta reconstrucción se realiza a través de la descripción detallada de cada uno de los elementos y de la relación entre ellos (una estructura trabada a otra generalmente denota contemporaneidad, un adosamiento posterioridad, etc.).
La lectura estratigráfica realizada de la puerta Mazarelos ha constatado que la estructura del arco se ha conservado en su totalidad prácticamente sin modificaciones desde su último momento reconstructivo: 1751. La decoración de placas y, sobre todo, el hecho de que las líneas de mechinales del intradós del arco estén perfectamente alineadas y a la misma altura, avalan esa hipótesis. Esta estructura se adosó a uno de los torreones que en ese momento se conservaban en la jamba oeste de la puerta, por su parte exterior. Las características constructivas del torreón sugieren que estemos ante una estructura de origen muy posiblemente medieval, si bien, la existencia de diferencias constructivas en la cimentación del mismo constatan que en dicha época se produjese, al menos, una reconstrucción.

Lectura de Alzados de la puerta de Mazarelos - López Cordiro 2009
Lectura de Alzados de la puerta de Mazarelos - López Cordiro 2009

La representación más antigua que se conserva de la muralla de Santiago (el plano de 1595 que se conserva en el Archivo General de Simancas) representa un muro reforzado con sesenta torreones, de los que 12 están flanqueando algunas de las puertas de la ciudad. Con excepción de los que flanquean la puerta Faxeira (que son de planta semicircular), todos ellos son de planta cuadrangular o tendente a rectangular. La distancia entre los torreones no es equidistante sino que, dependiendo del sector concreto de la ciudad en que nos ubiquemos, se aprecia una mayor o menor presencia de los mismos. Las razones estarían relacionadas muy probablemente con la mayor necesidad de protección de unos sectores sobre otros, atendiendo a sus características de emplazamiento geográfico, a la existencia de construcciones con sus particulares sistemas de defensa, etc.

La muralla de Santiago en 1595 - A.G.S.MPD_34_021 y 1750 IEGPS-CSIC
La muralla de Santiago en 1595 - A.G.S.MPD_34_021 y 1750 IEGPS-CSIC

Casi 200 años después, en el año 1750, la representación de la muralla de la ciudad es bien distinta. La muralla ya no define y delimita la ciudad histórica sino que es un muro casi testimonial, con escasa e incluso nula presencia de torreones más allá de los que defienden las puertas de entrada a la ciudad. Este plano de la ciudad, que se conserva en el Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, llama la atención por trazar la planta de la ciudad de forma ovalada, obviamente muy alejada de la forma arriñonada real.

El sector de Fonte de Santo Antonio en la cartografía de 1750 - IEGPS-CSIC
El sector de Fonte de Santo Antonio en la cartografía de 1783 - Concello de Santiago

Los torreones que han llegado a nosotros son tres. El primero es el que flanquea la jamba oeste de la puerta de Mazarelos. Los otros dos son estructuras descontextualizadas, es decir, son elementos aislados que no conservan restos de muro anexos que permitan identificarlos como parte integrante de la muralla, ya que ésta ha desaparecido. Sabemos que, efectivamente, han sido parte de ella por el lugar donde se emplazan, por sus dimensiones y características constructivas, así como por la información contenida en la documentación histórica.

Torreones que han quedado en pie de la muralla medieval en Porta de Mazarelos, Praza da Oliveira y Fonte de Santo Antonio - López Cordeiro 2009

Ambos torreones han sido absorbidos por edificios construidos posteriormente. En el caso del que se conserva en la plaza da Oliva (emplazada en el sector este de la ciudad, entre las puertas de Mazarelos y del Camino), la construcción de un inmueble en el siglo XX ocultó los laterales norte, este y sur de la torre. Una fotografía del año 1919 permite comprobar cómo hasta esa fecha la disposición de las casas seguía conservando (con excepción de la emplazada al sur del torreón) la alineación exterior de los torreones de la muralla. Durante el siglo XX se traza un nuevo alineamiento que, siguiendo aproximadamente la de la fachada del vecino convento de San Agustín, oculta el torreón pero respetándolo.

Torreón de la Plaza da Oliva en fotografía de 1919 - Cabo y Costa 1996:144

El segundo torreón se emplaza también en la zona este de la ciudad, en el tramo comprendido entre las puertas de Mámoa y Mazarelos. Aunque también presenta dos de sus caras ocultas, su presencia es mucho más clara e imponente que el de la plaza de la Oliva al sobresalir del muro de cierre de las instalaciones del convento de las Huérfanas-Colegio de Nuestra Señora de los Remedios.

¿Por qué han llegado a nosotros estos dos elementos? Al igual que ocurrió con el tramo de muralla de Entremuros 18, las ventajas de mantener la edificación tuvieron que pesar más que las que supondría su demolición. El hecho de que hayan llegado a nosotros sin resto alguno de muralla asociado podría ser indicativo de que estuviesen adosados y no trabados al muro, ya que, de ser este último caso, la demolición de la muralla habría supuesto la del torreón.

¿Cómo llegó a ser propiedad privada la muralla? El mantenimiento de la cerca era muy costoso y una de las fórmulas más comúnmente usadas por el Ayuntamiento para mantenerla era el aforamiento de la misma y terrenos anexos. En el caso de instituciones como el convento de las Huérfanas (u otros como San Martiño Pinario, el colegio de los Jesuítas, San Agustín, colegio de Fonseca) que contaban con su propio muro de cierre que distaba escasos metros de la muralla de la ciudad, era muy común que las instituciones se fuesen apropiando poco a poco de ese espacio sin construir existente entre ambos elementos hasta convertir la cerca de la ciudad en el muro de cierre de la institución. La apropiación se hacía tomando como línea exterior del muro la cara externa de los torreones, solución que ha sido constatada por la documentación histórica no sólo en este caso de las Huérfanas sino también en San Martín Pinario y en el cercano convento de San Agustín.

En el caso de las Huérfanas parece que ese proceso de apropiación se inició en 1722 cuando la rectora del colegio pide permiso para incorporar a la huerta un pedazo de terreno que media entre ésta y la muralla. El Ayuntamiento concede entonces licencia para hacer una muralla por la parte de la fuente de Santo Antonio, desde la almena donde se halla la fuente (el torreón) hacia el SW. Será en 1876 cuando se aborde la construcción del muro de cierre que oculte el alzado NE, quedando desde entonces el torreón como crujía de las dos alas del colegio.

El torreón de la Fonte de Santo Antonio nos da pistas acerca del sistema constructivo empleado en estas estructuras que reforzaban la muralla medieval. Se trata de una construcción de planta cuadrangular, aunque con uno de los ejes ligeramente mayor que el otro (en torno a 5,50 m de diámetro). Sus alzados tienen una forma ataludada suave, disminuyendo así la planta superior proporcionalmente con respecto a la inferior. Los muros se levantan sobre un zócalo, en este caso de bastante altura, que es unitario al resto de la construcción y que, a diferencia de los alzados del torreón, tiene un perfil recto. Los alzados presentan un aparejo de mampostería irregular de tamaño medio-grande, que aunque mantiene hiladas no son regulares. Las juntas están a hueso y enripiadas. Se emplea piedra local. Sin embargo, para las esquinas se reserva el granito y son de sillería más o menos regular (en algunos casos se emplean bloques y no sillares) dispuesta a soga y tizón. Se documenta la reutilización de materiales.

Estas características se repiten en el torreón de Aller Ulloa, en el que se conserva en la puerta de Mazarelos y en los conservados a nivel de subsuelo en Senra 18 y Rajoy. Con base en la lectura de paramentos realizada del torreón podemos decir que se diferencia netamente una fase originaria que fue objeto de remodelaciones y ampliaciones posteriores que bien podría ser la de época medieval o bien fruto de una reconstrucción posterior. Por el momento no contamos con datos que nos ayuden a precisar su cronología.

De esta manera, Santiago llega a los últimos siglos de la Edad Media plenamente configurada. Teniendo en cuenta la escasa actividad constructiva de la Baja Edad Media (debido, fundamentalmente, a la decadencia del poder eclesiástico frente al auge de la incipiente burguesía artesana y mercantil), el aspecto de la ciudad medieval debió ser muy similar al que se representa en los planos de 1595 que, conservados en el Archivo General de Simancas, constituyen la primera representación gráfica de la ciudad.

Lectura estratigráfica de alzados del Torreón de Fonte de Santo Antonio - López Cordeira 2009
Plano de la ciudad de Santiago de 1595 - A.G.S. MPD_34_021

Santiago alcanza la Edad Moderna plenamente configurada. Durante la primera centuria de esta etapa no se producen cambios urbanísticos que alteren en profundidad su estructura medieval, aunque bien es cierto que se introducirá un nuevo concepto de ciudad en el que serán claves dos aspectos: los espacios claustrales como organizadores de la arquitectura y los espacios públicos.

En el siglo XIX Santiago sufrirá escasas transformaciones estructurales, aunque se siguen imponiendo los nuevos aires ilustrados, tanto en las fachadas como en el espacio público, iniciados en los años finales de la centuria anterior.

El siglo XX será testigo de una nueva gran transformación, aunque esta vez estará centrada en la ampliación de los límites de la ciudad para dar respuesta a las necesidades de la población. Este crecimiento se concentrará en una primera etapa en el sector sur y sureste de la ciudad.

Como conclusión, y aunque resulte una obviedad, Santiago de Compostela es la suma del lugar sagrado, de la ciudad amurallada, del centro de peregrinación, de los caminos, de la universidad, del mercado y del ensanche. Todas esas Compostelas han dejado su impronta en la ciudad actual. Es éste un aspecto claramente constatable tras una rápida hojeada a la fotografía aérea actual. Las calles y el caserío de las rúas Acibechería, Preguntoiro y Xelmírez siguen conservando el trazado curvo del primer recinto amurallado. El perfil de las calles y los accesos al casco antiguo siguen evidenciando el perímetro de la ciudad amurallada. Los antiguos caminos de acceso a la ciudad se delatan por la tipología de las casas dispuestas en sus márgenes, que respetan el trazado gótico –mercantil gestado en época medieval. Las plazas más concurridas de la ciudad siguen siendo los grandes espacios públicos diseñados durante el Barroco. Los proyectos de ensanche de la población se intercalan perfectamente trazados y adaptados a las viejas vías de acceso a la ciudad.

Un recorrido por la muralla

El itinerario que se propone por la ciudad de Santiago permite recorrer todos los puntos de interés arqueológico tratados en el apartado anterior con excepción del lazareto, (emplazado en el Camino Francés, en el barrio de San Lázaro, en la entrada de la ciudad), el puente de la Rocha (en la vecina población de Vidán) y el Castillo de la Rocha (en el barrio del mismo nombre en la salida de la ciudad hacia Pontevedra).

Comienza en el epicentro de Santiago, es decir, en la Catedral, concretamente en su fachada oeste, desde donde se accede a la cripta y, en consecuencia, al subsuelo de la Catedral (punto 1 de la foto), donde se conservan los restos arqueológicos más antiguos de la ciudad histórica. Para visitar el subsuelo de la Catedral es necesario reservar y comprar la entrada con antelación en la siguiente página web: http://www.catedraldesantiago.es/es/museo.

Una vez finalizada la visita se propone recorrer los límites de la ciudad altomedieval. Los puntos 2, 4 y 5 coinciden con los solares donde fueron documentados los restos del sistema defensivo altomedieval del siglo X. Excepto en el caso del punto 4, correspondiente a San Paio 19 (actual Pub Século X), los yacimientos ni están visibles ni se pueden visitar.

Recorriendo el perímetro exterior de la cerca altomedieval a la altura de la rúa Preguntoiro, se pasará por el Auditorio Abanca en cuyo solar fue excavado uno de los campos de silos de mayor interés de la ciudad. Nuevamente, el yacimiento no es visitable.

Al alcanzar de nuevo el Obradoiro se propone un recorrido que permitirá ir recorriendo parte del trazado de la muralla medieval por el exterior e interior (6, 9, 10, 11, 13, y 14), aunque es necesario aclarar que tras la visita a la fuente del Inferniño se propone un quiebro para recorrer parte del trazado de la vía XIX a su entrada a la ciudad, coincidiendo con la calle de Franco, en cuyo nº 31 se conserva uno de los campos de silos del espacio suburbial de la villa altomedieval (8). En el recorrido por la cerca medieval se hará una parada en el punto nº 12, para visitar la iglesia de San Fiz y el mercado compostelano, en cuyo entorno se emplazó el área habitacional de Compostela en el momento del descubrimiento de los restos del Apóstol.

Se saldrá de la ciudad amurallada por la puerta de San Roque, bordeando el edificio del antiguo hospital. Desde allí se bordeará el monasterio de San Domingos de Bonaval por el parque del mismo nombre. Desde allí se accederá a la plaza de San Pedro para realizar el tramo urbano del Camino Francés: rúa de San Pedro, Casas Reais; plaza de Cervantes y Acibechería

Itinerario Arqueológico de Santiago de Compostela

Itinerario Arqueológico de Santiago - Ayto. Santiago