Salamanca

La muralla de Salamanca a lo largo de la historia

La ciudad de Salamanca se sitúa en la confluencia de dos unidades geológicas y ambientales del suroeste de la meseta castellano-leonesa a orillas del río Tormes. Por un lado, en dirección norte y este, la cuenca sedimentaria terciaria, caracterizada por extensas planicies dedicadas a cultivos de secano; por el otro, la penillanura del zócalo paleozoico hacia el sur y el oeste, donde predomina un ecosistema antropizado de encinares y pastizales conocido como Campo Charro, dedicado en su mayor parte a la ganadería.

Escarpes del Tormes - Ayto. Salamanca

El núcleo urbano se levanta sobre una terraza fluvial de areniscas recortada por un meandro del río y varios arroyos que modelaron tres altozanos escarpados que singularizan su silueta histórica: el de las Catedrales, en el centro, el de San Cristóbal, en la zona oriental y el de San Vicente, al oeste.

La población, localizada en un punto estratégico desde el que se controla un vado del río, se integra dentro de un corredor natural que recorre el oeste peninsular de norte a sur: la Vía de la Plata. Esta circunstancia y las posibilidades productivas de las tierras de su entorno, propiciaron la temprana ocupación humana del solar salmantino desde la Prehistoria reciente, influyendo desde su origen en la personalidad urbana de la ciudad y en su evolución histórico-cultural.

El solar urbano parece haber sido habitado, al menos de forma esporádica, desde finales del segundo milenio a.C., en la Edad del Bronce, como demuestran los fragmentos de cerámica recogidos en el cerro de San Vicente pertenecientes a la cultura de Cogotas I. Pero es durante la primera Edad del Hierro, entre los siglos VII y V a.C., cuando se instala un poblado en dicho lugar, el más occidental de sus altozanos históricos, adscrito al grupo cultural del Soto de Medinilla, que hasta la fecha se considera el origen efectivo de la ciudad. El asentamiento salmantino, de carácter sedentario y estable, fue concebido como un castro en sentido estricto que se extendía por una superficie nuclear de 1,6 hectáreas. Estaba rodeado por un escarpe rocoso esculpido por los cursos fluviales que discurrían a su alrededor, con su flanco más accesible reforzado por un muro defensivo que discurría con traza arqueada a lo largo de unos 90 metros. En su interior se extienden, diseminadas, agrupaciones de casas mayoritariamente circulares que fueron construidas con adobe y materia vegetal, mostrando una cierta organización espacial que nos permite hablar de un urbanismo incipiente. Sus gentes se dedicaron a la explotación de los recursos del entorno practicando una economía mixta agrícola y ganadera, complementada con la caza y la recolección.

Esta población mantuvo su vigencia durante varios siglos hasta alcanzar, por evolución interna, la segunda Edad del Hierro. En este momento el caserío original ya había rebasado los límites del hábitat ceñido a la cerca y, por un problema demográfico y de cambio de comportamiento en el modelo de ocupación del territorio, la población se trasladó a lo largo del siglo IV a.C. al vecino teso de las Catedrales, donde se conformó el renombrado oppidum de Salmantica, sustrato de la ciudad actual. Este núcleo fue rodeado por una muralla de la que se conservan espectaculares restos y pasó a la historia cuando fue conquistado por Aníbal en el año 220 a.C., durante su expedición al interior de la Meseta.

La muralla pétrea, dotada de dispositivos defensivos exteriores como fosos, abarcaba una superficie de casi 18 hectáreas. De ella se han encontrado importantes restos en diversos puntos de la ciudad que muestran su similitud en fábrica, técnica y aspecto a las de otros castros del suroeste de la Meseta, como los de Yecla la Vieja, Las Merchanas o Saldeana en Salamanca o Las Cogotas y La Mesa de Miranda en Ávila. En este caso los paramentos presentan aparejos que se definen por cimientos de bloques de piedra medios y grandes de arenisca silícea local asentados sobre el sustrato natural y alzado de mampostería careada de bloques medios de arenisca franca regularizada, dispuesta en seco, con sentido de las hiladas y marcado talud. Por su parte los rellenos del núcleo interno están conformados por masas de tierra y piedras.

Muralla castreña en la Rúa Mayor - Ayto. Salamanca
Muralla castreña en la Cuesta de Carvajal - Ayto. Salamanca

La cultura castreña salmantina del segundo hierro se sitúa en el ámbito de influencia de los pueblos vacceo y vettón, de quienes recibe las influencias culturales. Se estructuró siguiendo un urbanismo planificado en manzanas de construcciones ordenadas en torno a calles, siguiendo el modelo habitual de otros asentamientos prerromanos de la zona, configurados como espacios urbanos políticamente independientes.

Plano del poblado protohistórico y castro de Salmantica - Ayto. Salamanca

A raíz de los sucesivos episodios de conquista, el oppidum fue paulatinamente romanizado, especialmente a partir del siglo I de nuestra Era, hasta adquirir la categoría de civitas. Tuvo un papel secundario como ciudad estipendiaria, vinculado a su función de mansio en la milla 183 del camino principal que iba de Emerita Augusta a Asturica Augusta y Caesaugusta. De época imperial procede uno de los testimonios más notables de la ingeniería romana de la Península; el puente sobre el río Tormes.

La población mantuvo su vitalidad en época bajoimperial a pesar de la crisis de las formas de vida urbana del periodo anterior y, según manifiestan los restos arqueológicos hallados, participó de los rasgos característicos de las urbes tardorromanas: la sustitución del propio caserío y las infraestructuras públicas por instalaciones fabriles e industriales; y el traslado de las elites a las villae rusticas. A este periodo se atribuye la construcción de un nuevo recinto amurallado que seguía la traza de la antigua cerca del castro, dentro del proceso defensivo que se generaliza en las ciudades tardoantiguas.

A partir de ese momento, entre los siglos VI y XI, se hace palpable la evidente escasez de datos en el registro arqueológico que prueba el declive del núcleo urbano salmantino en el periodo altomedieval. Según las fuentes, la ciudad en época visigoda fue designada sede episcopal y acuñó moneda desde una ceca local en un periodo de inestabilidad e incertidumbre que se agudizó con la invasión musulmana, manteniendo su pulso vital a duras penas en este periodo.

Una vez conquistado Toledo a finales del siglo XI, Alfonso VI encarga la repoblación de la Extremadura Leonesa a su yerno Raimundo de Borgoña, quien a principios del siglo XII incentiva la colonización de la ciudad sobre los restos de la antigua civitas romana que se incorpora definitivamente al reino leonés. A través de la información que nos aporta el Fuero de Salamanca, sabemos que la ciudad antigua se expandió con nuevos barrios construidos por las pueblas (collaciones) que se establecen formando parroquias a la sombra de pequeñas iglesias románicas. A su alrededor se articulan las viviendas en manzanas irregulares, formando corrales que estructuraban unidades vecinales con significación municipal propia. Este singular sistema de ocupación del suelo derivó en una trama urbana conformada por angostas callejas y patios en torno a pequeñas plazas, aún perceptible en algunas zonas del casco antiguo de la ciudad.

Los principales grupos de poder, Francos y Serranos, se establecieron dentro de la antigua muralla que fue reconstruida, asentándose el resto de linajes repobladores (toreses, castellanos, bregancianos, portogalenses, gallegos y mozárabes) en las zonas extramuros.

La Cerca Vieja, primer recinto defensivo medieval de la repoblación que siguió de manera muy aproximada el trazado del castro prerromano de Salmantica y perdura en los frentes occidental, meridional y oriental del teso de las Catedrales en espacios tanto públicos como privados. Conserva cinco torreones y sus fábricas heterogéneas son el testimonio de las numerosas reformas y reconstrucciones que ha sufrido a lo largo de la historia. Tuvo cinco puertas de acceso a la ciudad, hoy desaparecidas: la del Río, cuyo arco ojival fue derribado en el siglo XIX; el postigo ciego que va a dar al puente; la de Alcázar, al sur; la del Sol al norte y la de San Sebastián, al este.

Cerca Vieja en la calle San Pablo - Ayto. Salamanca

En la zona de la Palma se le adosan los restos del Alcázar de San Juan, construido en el siglo XIII y derribado en 1472 por orden del Rey Enrique IV, del que únicamente se conserva la base de un gran torreón que correspondería a la torre del homenaje. Sus ruinas, aún visibles en la imagen de la ciudad recogida por Anton Vanden Wyngaerde de 1570, fueron integradas en el convento de San Cayetano, fundado a finales del siglo XVII y desaparecido tras su uso como fuerte militar por las tropas napoleónicas durante la guerra de la Independencia.

También corresponde a esta muralla la torre del Marqués de Villena y cueva de Salamanca, situadas dentro de un espacio musealizado municipal en la cuesta de Carvajal. La Cueva de Salamanca es la cripta de la antigua Iglesia de San Cebrián, construida en el siglo XII y derribada en el siglo XVI tras la pérdida de sus funciones cultuales.

Restos del Alcázar de San Juan junto a la Cerca Vieja - Ayto. Salamanca
"Cueva de Salamanca" - Ayto. Salamanca

A escasos metros se levanta la torre, único resto que se ha conservado del palacio mayorazgo de los Albendea, reflejo de la arquitectura civil del siglo XV que se apoya sobre uno de los cubos de la Cerca Vieja aprovechando su fábrica.

El mismo impulso repoblador promovió igualmente la construcción a lo largo del siglo XIII de un nuevo recinto defensivo, la Cerca Nueva, que acogiendo dentro del núcleo urbano a los arrabales que se habían originado y quedaban desprotegidos por hallarse fuera de la muralla antigua, delimitaba una nueva superficie urbana de 110 ha. Es también durante este siglo XIII cuando se produce un hito histórico esencial para entender el devenir histórico de la ciudad: la creación por parte de Alfonso IX en 1218 del Estudio General de Salamanca o Universidad.

Cerca Vieja y la Cerca Nueva - Ayto. Salamanca
Plano de la Salamanca medieval según Manuel González García - Ayto. Salamanca

Conserva, al igual que la vieja, diferentes retazos de su trazado, si bien han desaparecido sus 13 puertas. En la zona meridional tuvo 5 accesos, la Puerta Nueva, la de San Pablo y la de los Milagros, más las dos heredadas de la Cerca Vieja, San Juan del Alcázar y la del Río; las de San Vicente, Falsa, San Bernardo y Villamayor en el oeste; las de Zamora y Toro en el norte; y dos más en el este, la de Sancti Spíritus y la de Santo Tomás, esta última situada junto a la iglesia del mismo nombre y muy próxima al Colegio Militar de Calatrava, en el encuentro con la calle Rosario. En este punto se documentó su cimentación, cuya traza ha quedado marcada en el pavimento para señalar su ubicación exacta.

Cerca Nueva en el Paseo de San Vicente, detrás del colegio de Fonseca - Ayto. Salamanca
Grabado de la Puerta de Santo Tomás (Vargas Aguirre) - Ayto. Salamanca

Junto a un lienzo de la zona meridional de este recinto defensivo se conservan los restos del convento de San Andrés de Carmelitas Calzados. Fue fundado en 1480 junto a la muralla y constituyó un conjunto monumental, tanto por su categoría artística como por sus dimensiones, alcanzando el sobrenombre de "el Escorial salmantino".

A partir del siglo XIV, y en un contexto de inestabilidad política en Castilla, Salamanca se ve envuelta en la lucha de poder entre la nobleza que derivó en la construcción de grandes mansiones o palacios-fortaleza.

El siglo XVI, de prosperidad general en toda Castilla, se convierte en la centuria de esplendor para Salamanca y la de su consolidación como una de las ciudades renacentistas más relevantes de Europa, con una población de hasta 25000 habitantes y un núcleo urbano regido por unas ordenanzas municipales que estuvieron vigentes hasta el siglo XVIII.

En el siglo XVII se percibe un ambiente de crisis y penuria social, caracterizado por guerras, epidemias y una aguda recesión económica. Estas catástrofes, junto a la implantación de la Corte en Madrid y la decadencia de la Universidad, llevó a la nobleza al cambio de su residencia a la capital del reino, lo que dio paso a un mayor control por parte de la oligarquía eclesiástica de todo el centro del núcleo urbano; a lo que se añaden diversos desastres naturales como la riada de San Policarpo (1626), que motivó el traslado de la comunidades religiosas que se encontraban fuera de la Cerca Nueva al centro de la ciudad, ocupando las nuevas posesiones de la Iglesia o las viejas residencias de los nobles abandonadas o donadas.

Durante el siglo XVIII la ciudad tuvo que recuperarse de los efectos de la guerra de Sucesión, con una población reducida hasta los 15000 habitantes. Sin embargo, el reformismo ilustrado de los Borbones se manifestó a través de planes de cambio y mejora de servicios e infraestructuras.

En la segunda mitad de este siglo, con el máximo apogeo de la etapa ilustrada, se llevan a cabo varios intentos de reforma arquitectónica que se dejaron sentir de gran manera en la ciudad, como fue la generalización del empedrado como técnica de urbanización de las calles, junto con un fomento de las normas higiénicas basado en el saneamiento y limpieza regular de los ámbitos públicos, al igual que se muestra interés en mejorar el abastecimiento de agua con la construcción de nuevas fuentes.

En general, el modelo urbano y espacial mantiene la fisonomía heredada del pasado, rasgo de ello son las plazas, como la de San Martín, la del Carbón o la de Santo Tomé. El resto de plazuelas estaba relacionado con los amplios espacios que se solían respetar delante de los numerosos edificios representativos que se construyen durante este periodo, grandes obras monumentales tanto religiosas como seculares que constituyen parte de los valores fundamentales considerados en la inclusión de Salamanca en la lista de Patrimonio Mundial.

A finales del siglo XIX nos encontramos una ciudad que había sufrido un cruel despoblamiento y las consecuencias traumáticas de la invasión napoleónica, generadora de la ruina del país y la pobreza del paisanaje.

Uno de los hechos más reseñables acaecidos al final de esta centuria es el derribo de gran parte de la muralla medieval, dentro de las corrientes urbanísticas que recorrían el país. Ésta y otras actuaciones en la ciudad respondían al diseño del plan de alineaciones que se venía elaborando desde mediados del XIX, buscando el ideal urbano que se imponía en Europa y que apelaba a criterios de circulación e higiene; se pretendía eliminar estrechamientos, callejuelas y trazados irregulares, lo que implicará la destrucción de buena parte de la trama urbana histórica salmantina, heredada de la urbe medieval. Estos planes, a pesar de contar con detractores, se fueron desarrollando poco a poco, modificando parcialmente la fisonomía del barrio antiguo con la regularización de numerosas calles del centro.

Un recorrido por la muralla

Este itinerario, que parte simbólicamente del cerro de San Vicente, recorrerá el casco histórico a través de la sucesión de puntos conservados de las murallas salmantinas, con los diferentes elementos históricos que se les asocian, para terminar en el espacio musealizado de San Millán y en el propio Museo de Salamanca.

No es casual que el punto de partida del recorrido se establezca en el cerro de San Vicente, al suroeste del casco histórico, pues en él se encuentran expuestos los restos del poblado que dio origen a la ciudad en la primera Edad del Hierro. En su espacio musealizado, en un excelente estado de conservación, se puede contemplar una imagen única del urbanismo primitivo de Salamanca constituido por una serie de casas, mayoritariamente circulares, y estructuras domésticas auxiliares distribuidas en torno a un espacio de tránsito común, en el marco de un enclave estratégico que ofrece panorámicas únicas de la ciudad histórica y su entorno paisajístico y medioambiental.

La singularidad del yacimiento protohistórico se ve complementada por la presencia de los restos del antiguo Convento de San Vicente, fundación benedictina pionera en la ciudad, que acabó formando parte del sistema de fuertes militares napoleónicos levantados en la ciudad durante la guerra de la Independencia, causantes de su ruina y desaparición.

Sobre la planta del claustro se ha levantado un atractivo edificio municipal destinado a usos culturales que incluye espacios expositivos que abordan diversos aspectos de la intrahistoria urbana y del propio yacimiento.

El conjunto de elementos descritos convierten este parque arqueológico en una visita ineludible para poder alcanzar una visión global de los diferentes estadios que han conformado la esencia de Salamanca.

Este cerro se encuentra, además, parcialmente rodeado por la Cerca Nueva que acogió a la ciudad medieval surgida a partir de la repoblación cuando resultó necesario proteger los arrabales que se habían ido formando. Fue construida a principios del siglo XIII y se conserva de manera fragmentaria en diversos puntos de la ciudad. En la zona comprendida entre el paseo de San Vicente y el del Desengaño se encuentra uno de sus tramos más completos, con lienzos de mampostería de arenisca parcialmente restaurados, interrumpiéndose hacia el norte hasta reaparecer de nuevo en el paseo de San Vicente, por detrás del colegio de los Irlandeses (Fonseca), con una casilla de vigilancia del siglo XVIII junto a la puerta de San Clemente, en la calle Espejo, siendo el único resto que permanece en la zona noroccidental del antiguo recinto.

Desde el cerro de San Vicente buscamos la calle de la Palma hasta situarnos frente al río, donde encontraremos una urna de cristal que protege y señaliza los restos de la esquina suroeste de la iglesia medieval de San Lorenzo, la cual fue localizada, desmontada y reconstruida en superficie sobre su ubicación original, con su planta marcada con una pavimentación diferenciada de la calle.

Siguiendo por el flanco sur de la ciudad a través de las calles San Gregorio y Rector Esperabé, avanzaremos junto a la Cerca Vieja, estructura defensiva que seguía el mismo trazado de la muralla castreña, reutilizada y reconstruida durante el proceso de repoblación medieval. Sus lienzos conservados, visibles e integrados en diversas edificaciones, van a guiar nuestros pasos a lo largo de buena parte de este itinerario, donde además de observar sus fábricas allí donde emergen, podremos percibir las dimensiones originales del castro y del primer recinto medieval. El recorrido de esta muralla se inicia en la calle de La Palma, donde se le adosa la base de la torre del homenaje del antiguo Alcázar de San Juan. En este punto existe otro retazo de la Cerca Nueva, perpendicular a la anterior y escalonado para salvar el marcado desnivel del entorno; aquí se iniciaba la ampliación del nuevo recinto hacia poniente donde se abría la antigua Puerta de los Milagros.

Siguiendo por la calle de San Gregorio, por encima de las casas de la Ribera de Curtidores y hacia el río, podremos observar un importante tramo de la primera muralla que conduce hacia una de las zonas donde resulta más visible y espectacular, entre Rector Esperabé y la calle San Pablo, bajo el huerto de Calixto y Melibea. Este tramo, salpicado por una sucesión de bastiones que sobresalen del lienzo, es el mejor conservado por su carácter e integración en la imagen histórica de la ciudad y su remisión al pasado medieval. En el encuentro con la calle San Pablo dobla hacia el norte ofreciendo una de sus vistas más significativas con un torreón semicircular y la Catedral como telón de fondo, junto a un tramo de la ampliación de la fortificación medieval hacia el este, mostrándonos la traza del nuevo recinto que llegó a proteger una superficie de 110 hectáreas. Frente a este muro se hallan los restos de la fachada y tres ábsides de la iglesia medieval de San Polo, único exponente del románico mudéjar conservado en la ciudad, integrados entre la terraza de un hotel y un jardín público.

Desde aquí se propone una variante del itinerario hacia el este que se aleja temporalmente del primitivo recinto pero permite observar la Cerca Nueva, siguiendo su traza semioculta por construcciones contemporáneas, dentro de las propiedades de los conventos de San Esteban, Carmelitas y Colegio Militar de Calatrava. En este tramo de Rector Esperabé podremos contemplar los restos del convento de San Andrés de Carmelitas Calzados, del que perduran la capilla de la Orden Tercera del Carmen de Abajo y varias estancias menores correspondientes a tenadas, caballerizas, un pozo de nieve y una red de galerías subterráneas excavadas en la roca, atribuidas a bodegas. Este conjunto es visitable tras un reciente proyecto municipal de rehabilitación, musealizando el espacio adosado a la Cerca Nueva.

Volvemos hacia el oeste y antes de llegar a la calle San Pablo nos desviamos hacia la calle Arroyo de Santo Domingo, donde encontraremos la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de León (COAL); en este espacio se conservan restos de época romana, medieval y moderna del caserío de la ciudad junto a los muros de canalización y encauzamiento de la desaparecida alberca de Santo Domingo, musealizados y visibles desde el vial.

Tras retomar nuevamente el recorrido en el inicio de la calle San Pablo, volvemos a rastrear la traza conservada de la Cerca Vieja hasta la cuesta de Carvajal; un lugar en el que confluyen algunos de los más interesantes vestigios materiales del rico sustrato arqueológico salmantino. La muralla atravesaba esta calle, y tanto a izquierda como a derecha se conservan sus paramentos; en la zona meridional encontramos, asociados a la cerca, la Torre del Marqués de Villena y Cueva de Salamanca, conjunto arqueológico municipal visitable. La actual rehabilitación interior permite el acceso al mirador de su cubierta y a una terraza sobre el adarve que acoge diversos restos arquitectónicos románicos y un corte estratigráfico de la secuencia protohistórica y romana exhumada en el entorno.

Al otro lado de la cuesta de Carvajal la muralla continúa su traza, dentro del patio trasero de un hotel abierto al público –antiguo palacio del siglo XVIII conocido como Casa de los Escudos-, desapareciendo a partir de este solar con sus cimientos integrados en patios privados en la calle del Silencio.

Aunque la Cerca Vieja adaptó su trazado al de la muralla castreña, en esta zona se han descubierto restos de ambas, parcialmente superpuestos pero no exactamente coincidentes; en la misma cuesta de Carvajal, en los bajos de un edificio de nueva planta, se conserva un espectacular lienzo de 32 m de longitud y hasta 2,70 m de alzado de la muralla prerromana. Corresponde a su paramento interno y relleno, con anchuras que oscilan entre 3,5 a 7 m y sus restos actualmente están integrados en un espacio preparado para su musealización y accesibilidad pública futura.

Siguiendo por la calle del Silencio llegamos a la calle del Tostado, donde emerge de nuevo un fragmento visible de la Cerca Vieja embutido en una construcción particular.

En este punto ascendemos la calle hasta alcanzar la plaza de Anaya, donde la imponente Catedral Nueva nos recibe. Una vez sobrepasada la iglesia de San Sebastián, en el encuentro con la Rúa Mayor, llegaremos a un solar -tras la fachada apuntalada de un edificio desaparecido- en el que se ha localizado otro lienzo original del oppidum que corresponde a un cubo defensivo de planta semicircular que posiblemente protegía una de sus puertas principales. Su estado de conservación es tan excelente que lo acredita como uno de los bienes inmuebles arqueológicos más importantes de Salamanca. Actualmente se encuentra cubierto y protegido en espera de un futuro tratamiento y puesta en valor.

Continuamos por la rúa Mayor hasta llegar a su encuentro con la calle de la Compañía, para tomar la rúa Antigua hasta Serranos, bordeando el frente meridional del colegio de la Compañía de Jesús. En uno de los patios de este último edificio se localizó un tramo del foso excavado en la roca que formaba parte del recinto defensivo castreño y una necrópolis medieval asociada a la desaparecida iglesia románica de San Pelayo.

En la calle Serranos, a la derecha, en su confluencia con Cervantes, se encuentra el solar del antiguo colegio de San Pelayo o de los Verdes, hoy ocupado por la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Salamanca, en cuyo patio se han encontrado restos del mismo foso prerromano y la cimentación de la Cerca Vieja, que vuelve a emerger de manera contundente en la calle de La Palma detrás del Palacio de Congresos, completando su itinerario.

Muy próximo a este punto, en la plaza de Fray Luis de León y calle Balmes, se localiza uno de los mayores espacios arqueológicos conservados de la ciudad en espera de su futura musealización, el solar del Botánico. En él se encuentran los restos del claustro e iglesia del convento de San Agustín, algunos muros del antiguo colegio mayor de Cuenca y parte de la trama viaria histórica de la zona, correspondiente a la judería medieval y a la calle de San Pedro, abriendo una ventana arqueológica al pasado urbano anterior a la guerra de la Independencia.

Al final de la calle Balmes, a la izquierda, bordeamos la plaza de la Merced hasta llegar a la calle Veracruz, en la que encontraremos la antigua iglesia de San Millán, consagrada en 1226 y reformada en 1765 por Jerónimo García de Quiñones. Este edificio, recientemente restaurado y rehabilitado, fue cerrado al culto y actualmente acoge Monumenta Salmanticae, centro de interpretación sobre el patrimonio arquitectónico y monumental de la ciudad.

Desde Veracruz giramos a la izquierda por la calle de Libreros hasta alcanzar el Patio de Escuelas Menores, donde, frente a la impresionante fachada plateresca de la Universidad, encontramos el Museo de Salamanca, ubicado en la casa de los Álvarez Abarca o de los Doctores de la Reina, casa-palacio que, construido a finales del siglo XV-principios del XVI, ilustra la transición del gótico al renacimiento en la arquitectura salmantina. En este centro se depositan todos los materiales arqueológicos de la provincia, incluida la ciudad de Salamanca, por lo que ha sido referencia constante en esta guía y supone un perfecto colofón para nuestro paseo a través de la historia más antigua de la ciudad.