Mérida

La muralla de Mérida a lo largo de la historia

La compleja configuración geología del entorno, sus características bioclimáticas, la existencia de poblaciones dispersas y variadas, junto a la necesidad de controlar los pasos de las cordilleras y de los vados de los ríos favorecieron la ubicación de Augusta Emerita. De tal manera, localizada en la margen derecho del Guadiana, sobre un vado natural, utilizado desde época protohistórica, que los romanos consolidaron con la construcción de un puente, la nueva colonia Augusta se transformó en un nudo colector de comunicaciones que pronto se convertiría en un lugar central para todo el sector oeste del antigua Hispania Ulterior.

La fundación de Emerita en el año 25 a. C., entendida ésta como la ciudad y su territorio, formó parte del programa político de Augusto de asentamiento y reparto de tierras a los soldados veteranos (emeritii) de las legiones V Alaudae y X Gemina que fueron licenciados tras la finalización de las guerras contra los cántabros.

En la elección del lugar pesaron cuestiones geopolíticas, estratégicas y medioambientales: la idea de poblar un territorio periférico del Imperio, a excepción de algunos núcleos como Norba (Cáceres) o Metellinum (Medellín); propagar la grandeza del Imperio romano y de Octavio Augusto; el control de los itinerarios que unían el norte y el sur de Iberia por los vados del Guadiana; un emplazamiento ubicando en la confluencia de dos ríos, Ana y Barraeca junto a un territorio que ofrecía abundancia de agua, tierras fértiles a ambos lados del río para la agricultura y la ganadería; y la existencia de canteras cercanas. Fue la conjunción de todos estos factores la que facilitó la elección del emplazamiento de la nueva ciudad y, tras la reordenación de las provincias hispanas, de la capital de la Lusitania.

Uno de los elementos que mejor definen la topografía de la ciudad será la muralla perimetral (72 hectáreas), divisoria entre lo urbano y lo rural pero, al mismo tiempo, unión de personas y sociedades a través de las puertas y vías que en ella confluían para unir la capital de la Lusitania con las principales ciudades de Hispania: Cordvba, Caesaravgvsta, Asturica, Olissipo.... Estas vías salían de la ciudad a través de sus cuatro puertas monumentales, situadas en los extremos de las calles más importantes: decumanus y kardo maximus.

La muralla romana se conoce gracias a varias interenciones arqueológicas. En algunas de ellas se han documentado varias de las puertas de acceso (“puerta de la Villa” y “puerta de Puente”), las cuales cuentan con dos torres de planta rectangular flanqueando el vano de acceso. Por su parte, decumani y kardines desembocan en portillos peatonales y otros vanos de distintas dimensiones para el tráfico rodado abiertos en la muralla.

El Área Arqueológica de Morería ofrece una visión general de las características del viario urbano: todas las calles terrenas presentan una anchura de 5 o 6 m. que, posteriormente, se pavimentan con lajas de diorita bicromas hasta que en época bajoimperial se cubren con tierra batida. Bajo estas superficies discurría una cloaca para evacuar las aguas residuales: dada la topografía de estas vías, los kardines desaguaban en los decumani, generalmente, aunque algunos lo hacían directamente en el Albarregas.

El espacio urbano intramuros se estructura a través de una red viaria ortogonal a partir de sus dos calles principales y sus paralelas que irán formando areae de regulares dimensiones (82 x 52 m.), ocupadas por viviendas, mientras que los espacios adosados a la muralla se adaptaran al trazado de la misma.

Dentro de la planificación urbanística de la ciudad los espacios destinados a los edificios de espectáculos (teatro y anfiteatro) fueron emplazados próximos a la muralla con el objetivo de disponer de terreno suficiente para su construcción y de agilizar el acceso a los mismos. Se aprovecharon las laderas del cerro de San Albín para asentar parte del graderío y ahorrar costes de construcción.

Las mayores dimensiones del circo hicieron que se levantara fuera de la muralla en la zona oriental de la colonia, aprovechando la accesibilidad que le proporcionaba la presencia de un camino que, posteriormente, se bifurcaría en la calzada Alio itinere ab Emerita Caesaravgvstam que unía la capital con Zaragoza y el procedente de la capital de la Bética como es Item ab Cordvba Emeritam.

Edificios de espectáculos, teatro y anfiteatro - Ayto. Mérida
Vista aérea del circo romano - Ayto. Mérida

En base a la ley romana, las áreas funerarias se situaron en la ordenación urbana fuera del recinto amurallado: el pomerium o espacio intramuros se consideraba sagrado. En Avgvsta Emerita, como en el resto del Imperio, se ubicaron en zonas de fácil acceso, a ambos lados de las calzadas y caminos secundarios del entorno de la ciudad, compartiendo el terreno con instalaciones industriales.

Tras la crisis del Imperio Romano de Occidente y la invasión de los pueblos del norte (suevos, vándalos y alanos), la trama urbana de época romana se adaptará a la nueva realidad religiosa, política, económica y social establecida por el poder visigodo a partir de la segunda mitad del siglo V d. C. Se llevaron a cabo obras civiles que reactivaron el casco urbano emeritense como, por ejemplo, el refuerzo de la muralla y la reconstrucción de algunos pilares del puente con la colaboración del dux Salla y el prelado católico Zenón.

La etapa islámica comienza con la ocupación musulmana de la ciudad de Mérida por Musa Ibn Nusair, gobernador de Ifriquilla en el año 713.

La etapa emiral (s. VIII – IX d. C.) dejó en la ciudad la construcción de numerosos edificios de carácter residencial – administrativo sobre la urbe tardoantigua. Los nuevos palacetes se sitúan en zonas con disponibilidad de terreno como, por ejemplo, los desmantelados foros romanos o la banda paralela a la muralla, espacio despejado al final del período visigodo para mejor defensa de la ciudad.

A finales del siglo XI d. C., el casco urbano alcanza su menor extensión, protegido por nuevas defensas, habilitadas ante los conflictos taifas: una muralla de tapial sobre zócalo de sillares, reforzada con torres, algunas de ellas albarranas situadas en los puntos más débiles.

En 1120, bajo el dominio musulmán, la ciudad perdería su Sede Arzobispal a favor de Santiago de Compostela. Reducida a Villa Maestral, el término y jurisdicción de su Concejo quedó compartido con la Orden de Santiago.

Alfonso IX y las tropas leonesas reconquistaron Mérida en el año 1230. Desde ese momento, la ciudad y su territorio (Señorío de León) se entregó a la Orden de Santiago, encargada de repoblar la zona fronteriza con el poder musulmán, la Transierra o Estremaduras, con un interés exclusivamente ganadero.

Los caballeros de la Orden se asentaron dentro de la alcazaba, recinto que fortalecieron con la construcción de nuevas torres albarranas y edificios administrativos como la Casa de la Orden y Encomienda.

En este contexto, la escasa comunidad de musulmanes fue relegada fuera del recinto amurallado hacia un nuevo arrabal conocido como Morería.

Vista general de la alcazaba de Mérida - Ayto. Mérida

Durante los siglos XVI y XVIII el núcleo urbano de Mérida se vertebra por el Camino Real que, poniendo en comunicación Madrid con Lisboa, discurría desde la puerta de la Villa hasta la puerta del Puente, coincidiendo con el trazado romano del Decumanvs Maximvs.

La guerra de la Independencia y otras desarrolladas en la centuria anterior vinieron a agravar la situación de decadencia, escasa población y un aspecto rural.

A partir de 1860, debido a su posición estratégica, la ciudad se convertirá en un importante nudo de comunicaciones dentro de la red de ferrocarriles nacionales, hecho que supondrá la instalación de algunas fábricas y comercios, junto a un proceso de expansión y regeneración urbanística que provocó la aparición de abundantes restos arqueológicos.

1910 marca un punto de partida en la actividad arqueológica en la ciudad: José Ramón Mélida y Maximiliano Macías iniciaran las excavaciones en el teatro romano.

Un recorrido por la muralla de Mérida

1- Alcazaba

La alcazaba es el edificio más importante conservado en Mérida bajo el poder musulmán. Su construcción es motivada por los continuos levantamientos de la población contra el poder de Córdoba durante el primer tercio del siglo IX.

Según una inscripción conmemorativa situada en la puerta de acceso, la alcazaba se construyó en el año 835 d. C. bajo el mandato de Abd al-Rahman II. Su diseño se concibe como residencia del qadí y acantonamiento de tropas: de planta cuadrangular se encuentra delimitada por una muralla de 550 m. de perímetro, apoyada en algunos tramos sobre el dique romano. Sus muros presentan una altura de 10 m. y un grosor de 2.70 m, construido con materiales reutilizados procedentes de diferentes construcciones de épocas anteriores y reforzado por 25 torres de planta cuadrada (algunas de origen cristiano).

El acceso principal se realiza a través de dos puertas con arco de herradura, flanqueadas por dos torres, en el interior de un pequeño fortín o alcaçarete que se cerraba con la puerta del puente. El segundo acceso conectaba el monumento con interior de la ciudad.

Las últimas investigaciones sitúan este monumento dentro de los ribat – campamentos. Esta hipótesis se asienta sobre un pormenorizado estudio del aljibe situado en el centro del recinto emiral cuya construcción forma parte de un edificio de mayor entidad. Así, sobre el vestíbulo de acceso al aljibe existiría un primer cuerpo que sirvió como pequeña mezquita u oratorio. Otro segundo cuerpo se habilitó como cuerpo de guardia, mientras que su terraza ejercía la función de torre de comunicaciones.

Acceso al aljibe de la alcazaba - Ayto. Mérida
Interior del aljibe de la alcazaba de Mérida - Ayto. Mérida

Alcazaba. Restos arqueológicos romanos

Los restos arqueológicos de época romana conservados en el interior del recinto de la alcazaba constituyen un ejemplo claro de la evolución y relación entre la muralla y la red viaria intramuros.

La muralla de Avgvsta Emerita cuenta con cuatro kilómetros de perímetro, entre 6 y 8 m. de altura y 2,80 m. de anchura. En ella se abrían vanos de acceso de diferentes tamaños, desde pequeños portillos y puertas de mediano tamaño para el tráfico rodado hasta monumentales puertas flanqueadas por torres en los extremos de las vías principales. Una de estas torres con cuatro puertas se conserva al interior de este recinto: presenta dos vanos flanqueados por dos torres. Se trata de la puerta representada en emisiones monetales de Avgvsta Emerita sobre el extremo sur del decumanus máximus y, actualmente, es el blasón de la ciudad. Desde todos estos vanos salían vías y caminos que comunicaban Emerita con las principales ciudades de Hispania.

En el siglo V d.C. se adosa al lienzo exterior de la muralla un muro de 3 metros de anchura, formado por material reutilizado (sillares de granito, cupae, fustes…)

La trama urbana en el interior del recinto amurallado se organizaba mediante una red ortogonal en relación a los dos ejes principales, decumanus y kardo maximus, que irán formando areae ocupadas por viviendas, a excepción de los espacios adjuntos a la muralla y a aquellos designados para los recintos forenses.

Kardo minor en el recinto de la alcazaba - Ayto. Mérida
Opus sectile en la casa de la alcazaba - Ayto. Mérida

2- Centro de Interpretación del Mosaico

Este espacio se localiza entre las calles Sagasta y José Ramón Mélida, donde se pueden contemplar restos del lienzo de muralla romana fundacional con su refuerzo de sillares adscrito al siglo V, las estructuras habitacionales de una casa señorial de época romana con un pavimento musivo in situ y unas cimentaciones altomedievales realizadas a partir de sillares reutilizados romanos. El contenido se completa con otros mosaicos procedentes de villae del territorio emeritense.

En el centro de interpretación se expone una pieza arqueológica destacada cada mes con su correspondiente explicación.

3- MNAR (restos de la cripta)

Los restos arqueológicos hallados en las excavaciones previas a la construcción del nuevo edificio se integraron en el recorrido del museo. Las estructuras exhumadas muestran la organización urbana de un barrio extramuros.

Los restos de la vivienda muestran un peristilo, delimitado por canales, cuyo espacio central está ocupado por un pozo. En torno a este espacio se distribuyen otras estancias en cuyas paredes es posible observar restos pictóricos en dos fases decorativas. La primera, en parte picada de manera intencionada para aplicar la segunda, muestra motivos vegetales y animales, en concreto, aves zancudas sobre fondo amarillento, fechados a finales del siglo I d. C. o principios del II d. C. La segunda fase imita zócalos de mármol con motivos geométricos, adscritos al siglo III d. C.

Restos de una segunda vivienda muestran cuatro columnas de mármol blanco marcando las esquinas de un peristilo con estanque centralizado.

Las viviendas se encuentran organizadas por un tramo de calzada que desde un portillo abierto en la muralla se dirigía hacia la vía que conducía a Metellinum y Corduba a través del área funeraria oriental.

En el lado derecho de la calzada se organizan en torno a un pasillo cuatro dependencias de una misma vivienda: la estancia central y de mayor tamaño presenta sus paredes decoradas con pinturas que imitan mármoles de diferentes tonalidades. A la estancia se accede a través de un arco de medio punto apoyado en dos columnas: la decoración pictórica del arco muestra motivos vegetales. El registro arqueológico documentado durante los trabajos arqueológicos junto a la organización espacial de estas estancias hace que nos encontremos ante un edificio destacado con posibles matices cristianos.

Un tramo de la conducción hidráulica de San Lázaro – Rabo de Buey suministraría el agua a este arrabal romano.