Cuenca

La muralla de Cuenca a lo largo de la historia

Dado su rol de punto estratégico en el interior de la Península Ibérica, no es de extrañar que las tierras de la actual provincia de Cuenca hayan sido habitadas casi ininterrumpidamente desde la Edad del Bronce hasta la llegada de los árabes, responsables estos últimos de la fundación de la ciudad homónima.

El entorno de la misma se caracteriza fundamentalmente por un paisaje montañoso definido por la Serranía de Cuenca con picos destacados que disfrutan de altos farallones que caen verticalmente hasta encajados cañones surcados por diversos cauces fluviales. De tal forma, los ríos Júcar y su afluente Huécar, auténticos canales de comunicación desde la Antigüedad, rodean la ciudad.

Imagen de la Serranía - Ayto. Cuenca

Las óptimas condiciones de hábitat arriba descritas convierten al cerro, que a día de hoy ocupa la ciudad histórica, en un estupendo candidato para albergar poblamiento humano a lo largo de la historia.
Pese a ello, aún no se puede concretar el primer momento de ocupación del espacio elevado ubicado entre los ríos Huécar y Júcar antes de época andalusí. En base a algunos datos arqueológicos, parece que la parte central de la ciudad, concretamente la zona del Museo de las Ciencias, fue empleada por gentes de la Edad del Bronce

Parece claro que si bien en la ciudad de Cuenca no se han localizado restos de la Edad del Hierro, en su entorno inmediato resultan abundantes.

A pesar de que no se han encontrado evidencias de un asentamiento romano dentro del casco urbano, las intervenciones arqueológicas sí que han puesto de manifiesto que las tierras circundantes a la ciudad fueron profusamente ocupadas por asentamientos latinos de carácter rural.

Lo que sí parece demostrado es que la ciudad de Cuenca tiene un origen islámico. Debió de pertenecer a la cora de Santaver, no siendo en un principio de los núcleos más importantes, ya que existen referencias históricas a otras urbes cercanas como Santaver, Uclés, Huete, Huélamo o Iniesta. No obstante el geógrafo Al-Idrisi la describe así “Cuenca es una villa pequeña, pero antigua. Está situada cerca de un estanque artificial y rodeada de murallas pero sin arrabales”. Queda claro que para él, la ciudad cuenta con antigüedad, pero ello debe atender al hecho de que el autor escribe en el siglo XII, por tanto la referencia a su antigüedad le vendría dada por las casas existentes.

Es más plausible pensar que en sus orígenes, en el siglo IX, la ciudad estaría formada por una serie de jaimas que se irían integrando en la zona central de la actual ciudad de Cuenca. En este momento, la existencia de grandes farallones verticales que rodearían este emplazamiento serían las únicas defensas con que contaban los pobladores. Más tarde, a finales del siglo X o inicios del XI, será cuando la villa va adquiriendo importancia debido a su ubicación, de gran relevancia para la nueva realidad política, ya que se encuentra en el límite de las frontera cristiana en el momento final del califato de Córdoba y el surgimiento del reino Taifa de Toledo bajo los Banu Zennun o Dhi-l-Num.

Es en este momento cuando el poder estatal, observando la estratégica ubicación del enclave situado en la zona fronteriza entre Toledo y Valencia, realiza una fuerte intervención urbana, construyendo en la ciudad todos los elementos que conducirían el otorgamiento de la categoría de Medina, es decir, el recinto amurallado, la mezquita y la alcazaba.

El problema es que la ciudad posee, además de las murallas exteriores, dos núcleos fortificados que pudieran llevar a confusión. El primero de ellos es el castillo. Éste muestra restos de aparejo y ordenación de indiscutible procedencia musulmana y debe ser identificado con la alcazaba descrita por Al-Sala de modo inequívoco. El segundo núcleo es el que ha conservado hasta la actualidad el nombre de barrio del Alcázar, rodeando la plaza de Mangana. También aquí, en las murallas de la bajada del Carmen, existen evidentes vestigios islámicos con la misma clase de aparejo atizonado. Ambas zonas fueron reforzadas en lo constructivo por los cristianos después de la conquista.

Castillo de Cuenca - Ayto. Cuenca

Una parte de los investigadores identifican el Alcázar con el castillo recordando, por ejemplo, cómo don Juan Manuel recibió los rehenes en 1325 en un punto que parece acercarse a esta construcción. Otros autores, por el contrario, consideran que el nombre de barrio del Alcázar procede de haber albergado en su día tal fortaleza o palacio árabe, proponiendo con decisión la existencia de una estructura defensiva dicótoma en Cuenca basada en "dos grandes fortalezas: el castillo y el alcázar".

Parece razonable creer que, en determinados documentos, la denominación de alcázar pudiera aludir en concreto al castillo. Éste siguió conservando su función militar hasta el siglo XV, mientras que el reducto de Mangana, una vez perdida su finalidad original, fue invadido por casas. Pero el hecho cierto es que la tradición popular define el título de barrio del Alcázar a esta zona desde el mismo instante de la conquista de la ciudad hasta en la actualidad, y tuvo que ser por algo. Así, la consideración de origen islámico de esta zona se remonta a los primeros días de la conquista cristiana y propone interrogantes de cierta entidad.

La ciudad islámica contó con dos recintos amurallados, uno primero que iba desde el castillo hasta la plaza de Mangana y un segundo recinto, construido posteriormente. La ampliación murada se ejecutó hacia la parte baja de la ciudad y próxima a la buhayra o lago artificial que aprovisiona de agua a la ciudad.

La ciudad perteneció a la taifa de Toledo y, además de su incalculable valor estratégico debido a su situación en un punto crucial de la Marca Media, destacó por los talleres de tapices, alfombras y sobre todo los productos eborarios.

Fue conquistada a los árabes en el año 1177 tras varios meses de asedio con un doble frente de ataque en el que las tropas del Rey Alfonso VIII, dispuestas en el suroeste, eran ayudadas desde el noreste por las huestes de Alfonso II de Aragón. Para ello se instalaron varios campamentos fortificados o albarranas. Desde ese momento la ciudad castellana se convirtió en un bastión fundamental en el avance de las tropas cristianas hacia el levante. Es en este momento cuando el poder religioso arraiga en la ciudad mediante la conversión de la misma en obispado y la llegada a la zona de la Orden de Santiago. Se construye la catedral sobre los restos de la antigua mezquita.

En esos momentos Cuenca se convierte en una importante ciudad del interior peninsular con un gran mercado de paños de lana. La bonanza económica y el fuero concedido por el rey, hizo que los habitantes de la ciudad fueran en aumento, ocupando por completo el espacio disponible dentro del recinto amurallado y distribuyéndose en barrios étnicos: los judíos en el barrio del Alcázar, lo árabes en la calle de la Moneda, etc.

Un recinto amurallado dentro del propio espacio murado de la ciudad, sin duda, era el lugar ideal para la instalación con el apoyo regio de la aljama judía, que mostraba así gran pujanza dentro de la sociedad conquense medieval. Ésta construyó su templo, quedando instalada la sinagoga dentro del barrio judío.

Imagen de la Sinagoga de Cuenca - Ayto. Cuenca

En los últimos años del siglo XIV y durante toda la centuria siguiente se va configurando la parte baja de la ciudad, mientras en su casco se suceden los acontecimientos bélicos derivados de la lucha por el poder entre los partidarios del nuevo obispo Lope de Barrientos, defensor de los intereses reales, frente a las ambiciones de D. Diego Hurtado de Mendoza.

Durante el siglo XVI, la economía de la ciudad se basó en el comercio de paños y la producción de alfombras, que motivaron que la actividad lanar se implementara.

Además será éste uno de los momentos de mayor eclosión urbanística en la ciudad, construyéndose viviendas en altura hasta engullir a la propia muralla de la ciudad que, una vez perdida su función primigenia, sirve como excepcional “cimiento” constructivo. Reflejo de esta destacada etapa constructiva queda patente en la actualidad en el importante patrimonio histórico que salpica el casco histórico.

La citada etapa de bonaza llegó a su fin a finales de la citada centuria. La peste que asedió la ciudad primero y la bajada del precio de la lana, con la consecuente decadencia de la trashumancia después, motivaron un decaimiento que se prolongó durante todo el siglo XVII.

La guerra de la Independencia también se va a hacer notar en la ciudad, siendo protagonista de varios altercados violentos, siendo uno de los más significativos el producido en 1812 cuando los franceses, tras abandonar temporalmente Cuenca, dinamitan el Castillo.

La parte histórica de la ciudad, antaño de gran pujanza social y económica, va decayendo convirtiéndose en una zona plena de arquitectura popular. El paulatino empobrecimiento provocó el abandono del espacio elevado de la urbe de los personajes poderosos, trasladándose a la parte baja, y a extramuros.

El siglo XX no hace sino acentuar esta tendencia urbana, quedando el casco antiguo de la ciudad como la conjunción de unos barrios fosilizados entre los escarpes montañosos y las huertas que los jalonan, hecho que motivó que en 1963 se declarase el casco antiguo de Cuenca como Paisaje Pintoresco, para posteriormente en 1996, serle otorgado la calificación de Patrimonio de la Humanidad.

Un recorrido por la muralla

1. El castillo

Al castillo se puede acceder finalizando la calle de San Pedro o desde la plaza de Trabuco. En la parte interna del recinto se pueden apreciar las distintas fases constructivas del mismo. Hace unos años ha sido adecuado para su visita y cuenta con una infraestructura de acceso a la parte alta del torreón.

Parte interior del castillo - Ayto. Cuenca
Detalle de la fábrica andalusí del castillo - Ayto. Cuenca

Aquí, en lo más alto, nos permite observar unas excepcionales vistas, lo que hacen entender la ubicación de la ciudad en busca de una defensa activa.

Saldremos del recinto murado de la ciudad pasando por el arco de Bezudo, y caminando unos pasos, nos incorporamos a una senda con unas escaleras que van descendiendo, permitiendo una observación del castillo completamente distinta a la habitual.

Imagen del exterior del castillo y del arco de Bezudo - Ayto. Cuenca
Imagen de las huertas fosilizadas y los restos de los lienzos murados del castillo en la ladera del Júcar - Ayto. Cuenca

2. La plaza del Carmen

De estas primeras fechas son los vestigios califales del primer recinto amurallado que llega desde la parte alta del espolón rocoso, el castillo, hasta las murallas situadas en la plaza del Carmen.

El primer recinto castral construido en Cuenca no responde a la estructura que actualmente vemos, sino a una parte del mismo que ha quedado embutido en las construcciones posteriores. Se trataría de un torreón rectangular ubicado sobre una plataforma rocosa y resuelto mediante la técnica constructiva de soga y tizón. El torreón estaría hueco, contando con varios pisos de los que quedan huellas en los mechinales o canales de apoyo de la viguería que conformarían cada uno de los forjados.

Detalle constructivo andalusí del castillo de Cuenca - Ayto. Cuenca

3. Plaza de Mangana

Coetáneo a la construcción del castillo es la del primer recinto amurallado de la ciudad arriba citado. Además en la plaza de Mangana las excavaciones han aportado datos de la existencia de una estructura palacial. Se trata de una gran construcción de más de 1.800 m2 que cuenta con una serie de grandes estancias de forma cuadrangular. Estas habitaciones están definidas por muros que, conformados por grandes mampuestos de caliza en tonos rojizos, alternos con tramos a base de soga y tizón, se apoyan directamente sobre una roca natural que en ocasiones ha sido intencionadamente rebajada buscando una mayor horizontalidad donde apoyarlos. Además, esta fachada septentrional cuenta con una ornamental exterior a base de arcos ciegos adosados al paramento exterior.

Muro islámico de la plaza Magna - Ayto. Cuenca
Palacio islámico - Ayto. Cuenca
Capitel andalusí recuperado en las excavaciones - Ayto. Cuenca

Estas estancias van disponiéndose en torno a un espacio abierto que cuenta con una construcción central de forma cuadrangular con las esquinas redondeadas realizada a base de hormigón y con vaso central. Se trata sin duda del estanque característico de los patios andalusíes.

En las excavaciones se han documentado diversos elementos constructivos como capiteles y fustes cuidadosamente realizados sobre todo en mármol. La presencia de esta tipología de restos, junto con otros artefactos de este material como dados y cajitas, confirmarían la información aportada por los datos historiográficos según la cual Cuenca albergó los talleres eborarios una vez fueron desplazados de Córdoba.

Plaza de Mangana - Ayto. Cuenca
Excavaciones arqueológicos en la plaza de Mangana - Ayto. Cuenca
Plaza de Mangana en 1960 - Ayto. Cuenca
Plaza de Mangana en 1930 - Ayto. Cuenca

El auge de la ciudad supuso un aumento de la población que pronto ocupó todo el espacio disponible intramuros, lo que supuso la necesidad de ampliar el recinto amurallado. Éste se desarrolló desde la parte de la plaza de Mangana, hasta la el Huécar, quedado evidencias de la muralla en el parque que toma su nombre del río, así como entre diversas viviendas situadas en la calle de los Tintes.

4. Calle Alfonso VIII

Pero sin duda, una de las últimas estructuras arqueológicas afectadas por el denominado desarrollismo fue la torre de Queda, que estaba ubicada en la actual Calle Alfonso VIII, antes denominada Correduría. Allí, además de las casas nobles localizadas en la parte del Huécar, hasta finales del siglo XIX existían otras viviendas en la parte opuesta de la calle, entre las que se enmascaraba la torre de Queda o torre del Ángel que formaba parte de primer recinto amurallado de la ciudad.

Imagen antigua de la Torre de Queda - Ayto. Cuenca

En 1893 el arquitecto Antonio Carlevaris presentó un proyecto de ampliación y modernización del vial que contemplaba el derribo de las viviendas de ese frente y de la mencionada torre. En la actualidad, en esa zona se levanta un muro de mampostería que recientemente ha sido rehabilitado. En los trabajos arqueológicos inherentes a la obra se ha podido constatar que la ampliación urbanística de finales del siglo XIX alteró en gran medida la topografía de la zona y por tanto de los posibles restos arqueológicos conservados. Solamente se habían mantenido algunas pequeñas oquedades talladas en la roca que formarían parte de las alacenas de las viviendas.