Córdoba

La historia de la muralla de Córdoba

La ciudad de Córdoba cuenta con unas condiciones geográficas que han favorecido el relevante papel histórico de este enclave desde las primeras fases de ocupación por comunidades humanas estables a finales del Tercer Milenio a.C.

Uno de los rasgos más relevantes del entorno en el que se asienta la ciudad es la diversidad geográfica, definida por tres grandes conjuntos naturales: al norte Sierra Morena, en el centro, la propia vega o depresión del Guadalquivir y, al sureste, la Campiña. El elemento vertebrador de estas tres unidades geográficas es el río Guadalquivir, la principal arteria fluvial del sur peninsular, que a su paso por tierras cordobesas discurre paralelo a las estribaciones de Sierra Morena.

La ciudad se ubica en un auténtico núcleo de comunicaciones terrestres que permite conectar las comunidades situadas al norte de la meseta con las poblaciones del sur de la Península Ibérica. La confluencia de estas rutas coadyuva, por tanto, para que Córdoba haya recibido seculares influencias culturales que han enriquecido su historia. El asentamiento que constituye el origen del núcleo urbano se emplaza junto a un vado natural del Guadalquivir, en el punto en que es posible salvar este obstáculo natural en momentos de estiaje, justo donde el río dejaba de ser navegable en la antigüedad, con determinado tipo de naves de escaso calado. Precisamente por esta razón, constituye una ruta fluvial fundamental de penetración hacia el interior, y la principal vía comercial para la salida e intercambio de los ricos y variados recursos propios de la zona. Para ello debió disponer de un puerto y un embarcadero desde el que dar salida a estos productos.

Alzado este general panorámico - Ayto. Córdoba

La primera muralla de la ciudad de Córdoba data de época romana. Durante la primera mitad del siglo II a.C. se instala un nuevo asentamiento romano, en lo que hoy es la ciudad de Córdoba, que aprovecha la importante situación estratégica del lugar. El nuevo núcleo urbano, quizá con el status colonia latina desde el primer momento, detenta casi desde su fundación la capitalidad de la provincia Hispania Ulterior. Desde un primer momento queda claro el valor estratégico y la función logística de la ciudad, base de operaciones de los ejércitos romanos en las sucesivas campañas de conquista romana, posible centro de abastecimiento del ejército, así como lugar de invernada de los gobernadores y de parte de sus tropas acuarteladas en los núcleos más importantes o conflictivos del área controlada.

Los vestigios de estas defensas urbanas se han localizado en varios puntos de los lienzos norte, este y oeste, gracias a varias intervenciones arqueológicas que ha permitido fechar estas construcciones a lo largo del segundo cuarto del siglo II a.C., coincidente con los datos históricos acerca de la fundación de la ciudad. Se conoce relativamente bien la mayor parte del trazado de esta muralla republicana, a excepción de su lienzo meridional, que quedó desmantelado como consecuencia de la ampliación urbana hacia el río en época de Augusto, en torno al cambio de Era. Este recinto amurallado presenta una forma poligonal, ligeramente irregular, de tendencia hexagonal, adaptado a la topografía del terreno, de unos 2650 metros de perímetro, que delimitaba un pomerium de 47 Ha de superficie interior, cuya apariencia ha quedado fosilizada en el trazado de los principales ejes viarios actuales. En su flanco occidental, este recinto contaba con el curso de un arroyo, identificado como el arroyo del Moro, que actúa como foso natural; en el costado septentrional, se reforzó la defensa con la excavación de un foso artificial, documentado arqueológicamente, que alcanzó los 18 m de anchura.

Si bien la muralla fue objeto de sucesivas reformas y reparaciones, se pueden identificar claramente las características arquitectónicas de la fábrica original. A intervalos regulares, estos lienzos estaban flanqueados por torres semicirculares que alternaban con otros de planta cuadrada, acaso de una cronología republicana algo más tardía.

Esta austera ciudad republicana, asediada y arrasada por César tras la batalla de Munda en el año 45 a.C., experimentó una sustancial transformación a partir de la refundación de la ciudad por parte de Augusto como Colonia Patricia en el último cuarto del siglo I a.C. La primera consecuencia fue la ampliación de los límites de la ciudad hacia el sur, hasta la orilla del Guadalquivir, por lo que el pomerium alcanzará las 78 Ha de espacio intramuros disponible, quedando definitivamente delimitado el perímetro del núcleo principal de la ciudad histórica de Córdoba.

El proceso de monumentalización de la ciudad llevado a cabo a lo largo del siglo I d.C. sigue el modelo de la propia Roma, cuyos principales edificios imita, como forma de emulación y adhesión al régimen imperial.

Templo en calle Claudio Marcelo - Ayto. Córdoba

Como capital de la Provincia Baetica, en la ciudad se promueven espacios desde los que rendir culto al Emperador. Este sería el caso del conjunto monumental compuesto por el templo excavado y musealizado en la C/ Claudio Marcelo, situado en el centro de una nueva plaza porticada, construida a caballo sobre el lienzo oriental de la muralla republicana. La accidentada topografía de la zona, buscada claramente con intención propagandística e ideológica, obliga a realizar costosas obras de nivelación para construir la terraza artificial, levantada sobre un conjunto de contrafuertes en abanico hacia el interior, denominados antérides, que sirvieron para contener el empuje de la tierra.

El esplendor y la monumentalidad de la Córdoba de época altoimperial ha oscurecido el interés de etapas históricas posteriores, que se inician a partir de las crisis por las que atraviesa el Imperio Romano de occidente a partir del siglo III d.C. y que se traducirá en el surgimiento de un nuevo orden sociopolítico en los siglos sucesivos. Los testimonios materiales de este periodo se caracterizan por una menor riqueza ornamental y entidad arquitectónica más modesta, que no se corresponde en absoluto con su interés y entidad histórica.

No será hasta el siglo VIII cuando Córdoba vuelva a presentar un importante desarrollo como consecuencia directa de la llegada musulmana. La principal particularidad del patrimonio arqueológico de Córdoba, que la distingue del resto de ciudades hispanas con un floreciente pasado romano y tardoantiguo, es su esplendoroso pasado andalusí. Elegida como capital de la provincia islámica de al-Andalus desde principios del siglo VIII, se convierte en la sede del Estado independiente en el extremo occidental del Mediterráneo, por lo que experimenta un intenso proceso de islamización materializado en la transformación de su paisaje urbano. A partir del año 929 d.C. se eleva a la dignidad de capital del califato de al-Andalus, hasta el punto de que se convierte en el centro de una conurbación urbana, conformada a finales del siglo X por la conjunción de tres ciudades: Madinat Qurtuba, Madinat al-Zahra al oeste y la enigmática Madinat al-Zahira al este.

El proceso de formación de la ciudad andalusí durante los primeros siglos de presencia islámica se manifiestan en dos espacios claramente diferenciados: la medina y los espacios suburbanos. Este proceso de transformación e islamización de la imagen urbana andalusí debió de iniciarse con Abd al-Rahman I, adoptando para ello el modelo aplicado en las ciudades omeyas orientales.

En el interior de la medina, que mantiene el trazado amurallado heredado de la ciudad romana y tardoantigua, aunque sus lienzos son reforzados y reparados, se articulan las principales zonas de carácter oficial-administrativo y religioso, un binomio conformando con el Alcázar y la Mezquita Aljama, elementos vertebradores de la ciudad islámica de Qurtuba.

La fundación de una nueva Mezquita Aljama (786 d.C.) en el mismo lugar ocupado por la antigua sede episcopal visigoda de San Vicente, es la materialización más contundente y de mayor carga propagandística del programa arquitectónico y urbanístico vinculado con la constitución del emirato independiente omeya de al-Andalus, un nuevo estado en el extremo occidente islámico.

Vestigios de la muralla oriental y septentrional del Alcázar Omeya en el actual Palacio Episcopal - Ayto. Córdoba

En el caso del Alcázar, la ocupación y remodelación a partir del año 785 como sede de la Administración del incipiente Estado andalusí, no implicó la erección de un amplio recinto amurallado ex novo, sino la adaptación y reparación de la mayoría de los edificios existentes en el antiguo “Complejo Civil”, documentadas en la excavación del patio de Mujeres del Alcázar. ‘Abd al-Rahman II desarrolló a partir del segundo cuarto del siglo IX un intenso programa edilicio destinado a albergar la sede de la Corte emiral.

Baños del Alcázar Andalusí - Ayto. Córdoba

En el interior de la medina se construyen edificios de uso comunitario por parte de la población islámica, como los baños (hammamat) utilizados para el preceptivo ritual religioso y la necesidad higiénico-sanitaria de la ciudadanía.

Tras los siglos de esplendor como sede del Estado Omeya andalusí, la ciudad de Córdoba experimentó un proceso de repliegue urbano que implicaba el abandono de los arrabales que habían sido arrasados durante la fitna de principios del siglo XI. En consecuencia, esto supuso una reclusión en el interior de sus dos recintos amurallados principales: la Medina, heredera de la ciudad clásica y tardoantigua, y la Axerquía, delimitada por un nuevo recinto defensivo erigido en el siglo XI. No obstante, con la llegada y consolidación de los califas almohades en al-Andalus, la ciudad vio recuperar su importancia pretérita, al socaire del ambicioso programa de creación de un paisaje fortificado en los accesos al valle del Guadalquivir y de ampliación de los grandes y medianos enclaves urbanos al sur de Sierra Morena. En 1162 Córdoba fue designada como eventual capital de los territorios andalusíes, momento a partir el cual la ciudad inició un proceso de revitalización urbana alentado por los propios califas almohades. Pese a esta lacónica información documental, el registro arqueológico muestra una ciudad que es objeto de un intenso proceso de remodelación urbanística y de refuerzo de sus defensas urbanas. A la sombra de Sevilla, la nueva capital almohade andalusí, en Córdoba se inicia un programa integral de construcción que afecta tanto a las estructuras preexistentes (el propio alcázar omeya, las murallas de la medina y las del recinto oriental o Axerquía), como a nuevos recintos amurallados que se levantan ex novo.

Un recorrido por las murallas de Córdoba

Las murallas y fortificaciones constituyen uno de los elementos arquitectónicos que de forma más contundente definen el paisaje urbano a lo largo de la historia de cualquier ciudad; reflejan los avatares históricos por los que transcurrió y los conflictos a los que hizo frente. Es por ello que uno de los itinerarios principales para reconocer la imagen de Córdoba, aproximarse a su devenir histórico, pasa por identificar el trazado de sus murallas y las características de sus principales defensas urbanas. Hasta el último tercio del siglo XIX el circuito de murallas se conservaba prácticamente íntegro. Sin embargo, de la mano de la llegada del ferrocarril a Córdoba y en el contexto del ideario liberal de finales de dicha centuria, se inició un proceso de abandono y destrucción de los tramos de murallas y de las puertas de la ciudad, en particular de los lienzos septentrionales y occidental.

La ciudad histórica de Córdoba está compuesta de tres recintos amurallados que definen: el correspondiente a la ciudad imperial romana, que se mantendrá como la posterior medina islámica y la villa bajomedieval; el recinto oriental de la Axerquía, una ampliación posterior al califato omeya; y, finalmente, el recinto del Alcázar Viejo, construido durante la segunda mitad del siglo XIV. Dichos recintos definen las tres unidades urbanas que se han mantenido hasta la expansión extramuros del siglo XX. En este itinerario seguiremos sendos recorridos independientes por cada uno de estos recintos.

  1. La medina – Villa: Desde la fundación del campamento romano republicano a mediados del siglo II a.C., la ciudad estuvo rodeada de murallas, de las que se aprecia su trazado fosilizado en las grandes avenidas perimetrales del casco histórico (Avda. de la Victoria, Ronda de los Tejares y Plaza de Colón) y se han integrado numerosos vestigios en sótanos, cocheras y solares de diferentes puntos, ya que por definición estos elementos arquitectónicos son considerados genéricamente como BIC.

    Puerta de Almódovar y muralla de la Madina - Ayto. Córdoba

    Del trazado de la muralla romana se conservan trazas de sus flancos septentrional, occidental y oriental. Los lienzos correspondientes al recinto de época republicana estaban formados por un paramento exterior realizado en sillería de calcarenita, de unos 2 o 3 metros de anchura, un muro interior paralelo, más bajo y de menor potencia (de entre 0,60 a 1,20 m) que contiene un agger o compacto relleno intermedio compuesto por cantos rodados, mampuestos, arcilla y picadura de sillar, de unos 6 metros de anchura. En el centro del lienzo norte se ha indicado sobre el pavimento de la C/ Cruz Conde el trazado y la anchura completa de la muralla exterior, el muro interno de contención y el relleno intermedio. Iniciamos nuestro recorrido en el lugar ocupado originalmente por la puerta de Gallegos (la Bab al-Amir islámica), salida occidental del decumanus maximus hacia la vía Corduba-Hispalis. Junto a esta puerta se conserva un pequeño tramo integrado en la cafetería “Roldán”, visible a través de un pavimento de metacrilato. Hacia el norte el recinto giraba al este, coincidiendo con la actual Avda. de Ronda de los Tejares, donde es visible esta muralla en varios puntos, como en la fachada del edificio de Cajasur, donde se aprecia el paramento exterior de sillería y los restos de una torre cuadrada. Más al este, en el nº 11 de la misma avenida se conservan integrados en el garaje el lienzo republicano exterior y una torre de planta circular, con refuerzos altoimperiales adosados a la muralla.

    En la esquina nororiental, al este de la Puerta de Osario (Bab al Yahud) el tramo de muralla documentado en el nº 4 de la Plaza de Colón presenta la peculiaridad de estar apoyado sobre un pavimento de opus sectile de cronología avanzada (hoy desmontado) y en la unión con el lienzo oriental se conserva visible la denominada “torre del Rincón”, una torre circular, muy remodelada a lo largo de los siglos, que marcaba el ángulo nororiental de la muralla y el punto del que partía la ampliación del recinto amurallado islámico de la Axerquía (punto de inicio del recorrido 2).

    Más al sur, el recinto de la ciudad republicana está fosilizado en la C/ Alfaros hasta el lugar donde se encontraba la puerta de Roma (o puerta de Abd al-Yabbar), entre las C/ Capitulares y Alfonso XIII. Junto al templo de C/ Claudio Marcelo se puede identificar el punto en el que la muralla republicana fue cortada para la construcción de la plaza sobre la que se erigió el templo de culto imperial. Siguiendo su recorrido hacia el río, se aprecia ya parte de la ampliación de época augustea, donde el trazado realiza un pequeño giro; aunque los elementos conservados en alzado corresponden a reformas de época omeya, conservados junto al denominado “arco del Portillo”, en la actual C/ San Fernando, un portillo de época bajomedieval que ponía en conexión el interior de la antigua villa con la ampliación del recinto de la Axerquía.

    La muralla se pierde en su trazado meridional, como consecuencia de las continuas crecidas del río que provocaron una intensa destrucción. Además, la construcción del Murallón de la ribera para proteger la ciudad de las crecidas del río y el trazado de la Avda. de la Ribera supusieron la realización de obras de relleno que enterraron lo poco que quedaba de esta muralla. No obstante, la puerta del Puente (la Bab al-Qantara andalusí), mantiene el trazado de la puerta romana original, intensamente reformada en época islámica, consistente en una puerta monumental de tres arcos, desde cuyos laterales se descendía al embarcadero a través de sendas escalinatas, documentadas arqueológicamente.

    Del lienzo meridional de la muralla romana (coincidente con la fachada meridional del Seminario de San Pelagio) sólo tenemos los restos conservados en el “Patio de Mujeres” del Alcázar de los Reyes Cristianos, donde se han documentado sucesivas reparaciones y transformaciones en las estructuras defensivas, desde mediados del siglo I d.C., hasta finales del siglo III d.C. y a lo largo del siglo IV. El resultado de estos sucesivos forros y refuerzos es, a finales de dicha centuria, una muralla de más de 8 metros de anchura. Poco después, esta potente estructura perdió su carácter de fachada meridional de la ciudad, al quedar integrada en el nuevo recinto defensivo de época tardoantigua. Desde este punto hacia el norte se conservan varios tramos de interés. El más meridional se conserva al haber sido reaprovechado como muro de cierre oriental de las Caballerizas Reales (edificio de finales del siglo XVI), donde se aprecia un pequeño portillo bajomedieval, cercano al lugar ocupado por la desaparecida Bab Isbiliya o puerta de Sevilla. Desde este punto recorre toda la C/ Cairuán hasta la puerta de Almodóvar (Bab al-Yawz), el único ingreso conservado de la muralla de la ciudad histórica.

  2. La Axerquía: Tras la fitna que provocó el colapso del califato omeya, los arrabales conformados al este de la medina fueron protegidos a lo largo del siglo XI por un amurallamiento que garantizó la pervivencia de estos núcleos residenciales a lo largo de la historia medieval de la ciudad. Este sector urbano oriental (yanib al-Sharquiyya) quedó encerrado en un extenso recinto fortificado, reforzado en época almorávide (1125) que se ha mantenido ocupado desde la Edad Media hasta la actualidad. Esta nueva muralla, a diferencia de la medina, está construida con zócalo de piedra y un alzado de tapial, fábricas de autoría islámica y bajomedieval cristiana, protegido por torres cuadrangulares dispuestas a una distancia regular y antencedida por un antemuro de menor altura.

    Torre de la Malmuerta - Ayto. Córdoba

    Iniciamos este recorrido en el punto donde conecta con el ángulo nororiental de la medina-villa (torre del Rincón), donde arranca su trazado hacia el norte, visible actualmente en un pequeño tramo a mitad de la C/ Adarve. Su trazado se recupera algo más al norte, en el punto donde gira hacia el este. En este ángulo se conserva uno de los elementos más representativos de este recinto: la torre de la Malmuerta. Se trata de una torre albarrana de sillarejo de planta octogonal, adelantada con respecto a la línea de muralla y conectada con ella a través de un arco semicirtular. En su intradós se conserva una inscripción, prácticamente ilegible, que ha permitido fechar su construcción, probablemente sobre una torre almohade previa, en 1404, durante el reinado de Enrique III. El tramo que arranca hacia el este está integrado en la actual Facultad de Ciencias del Trabajo, pero está muy reconstruida.

    A unos doscientos metros hacia el este se han integrado los restos de un tramo de muro y una puerta que ha sido interpretada como la de Alvar Colodro, el primer almogávar que asaltó este recinto en enero de 1236, lo que permitió la conquista castellana de la ciudad. Desde este punto el trazado se pierde hasta las calles Muro de la Misericordia y Fernando de Lara, donde se conservan en pie algunos tramos y una torre muy alterados por forros y recrecidos levantados tras la conquista cristiana. Continuando hacia el este se alcanza el ángulo nororiental de este recinto, donde gira hacia el sureste, a lo largo de la ronda del Marrubial. Se trata del tramo mejor conservado de todo este recinto, con una longitud de más de doscientos cincuenta metros y trece torres separadas a distancias regulares. Los lienzos y torres visibles en la actualidad, realizados con encofrados de tapial sobre zócalo de sillarejo, corresponden en su mayor parte a la reconstrucción de estos tramos en el siglo XIV, sobre el trazado de una muralla almorávide y almohade previa.

    Al llegar a la plaza de Cristo de Gracia la muralla realizaba un giro hacia el oeste hacia la C/ María Auxiliadora, con un trazado zigzagueante, de los que se conservan algunos tramos en plaza del Gamo y en las instalaciones del Colegio Salesianos. A la altura de la C/ Arroyo de San Lorenzo retoma el trazado hacia el sur, a lo largo de la C/ Ronda de Andújar, donde se conservan algunos lienzos integrados en cocheras y sótanos y se ha fosilizado en lugar donde se encontraba la puerta de Andújar de época bajomedieval. Desde este punto descendía hacia el río por los muros traseros de la C/ Campo Madre de Dios. En la C/ Agustín Moreno se identificó la antigua puerta de Baeza y la línea de muralla anexa, cuya planta ha sido marcada en el pavimento del acerado del tramo peatonal continuando el trazado del lienzo conservado en pie en la confluencia de C/ Madre de Dios y ronda de los Mártires. Todo el frente sur se ha perdido. Recorrería desde la ronda de los Mártires y el paseo de la Ribera hasta la Cruz del Rastro, donde conectaba con el ángulo suroriental de la muralla de la Medina-Villa.

  3. El Alcázar Viejo: A estos dos recintos se les añade en el último tercio del siglo XIV (entre 1369 y 1386) un nuevo recinto defensivo, que supone una ampliación del espacio amurallado al suroeste de la ciudad, que englobaba el Alcázar Viejo y el denominado “Corral de los Ballesteros”. Partiendo del Alcázar, el recinto realiza un recorrido paralelo al río hacia el oeste en el tramo conocido como muralla de la Huerta del Alcázar. Se conserva una torre de sillería (“Torre del Agua”) y tres torres de tapial de planta abarlongada (o ultrasemicirculares), probablemente destinadas a la colocación de máquinas de guerra que batían la orilla opuesta del río. Entre estas torres se conservan varios tramos muy alterados y reparados a lo largo de los siglos: un malecón de sillería del siglo IX, alzados de muralla de tapial de los siglos XII y XIV, hasta la reforma del paseo de la Alameda, construido en el siglo XVI. En el tramo más occidental de este lienzo sur se conserva una torre poligonal, conocida como “Torre de Guadacabrillas”, que forra una torre almohade previa.

    Muralla de la Huerta del Alcazar. Puerta de Sevilla - Ayto. Córdoba

    A la altura del puente de San Rafael el recinto gira hacia el norte, adaptándose al curso del arroyo del Moro, para continuar por la Avda. del Corregidor. De este tramo se conservan tres lienzos realizados con zócalo de sillarejo y alzado de tapial, separados por sendas torres cuadradas. La continuación septentrional de este recinto, donde realiza un ligero quiebro marcado por una torre hexagonal, está completamente reconstruido en los años sesenta del siglo XX, como la puerta que se sitúa en el lugar donde estuvo ubicado el ingreso original. Flanqueando esta puerta de Sevilla se conserva una torre albarrana de sillería almohadillada, separada de la muralla por dos arcos de herradura rebajados, obra de la segunda mitad del siglo XIV. Desde este punto hacia el norte, hasta el punto donde conectaba con la muralla occidental de la Medina-villa, los restos se han perdido como consecuencia de la urbanización de todo este sector urbano.