Alcalá de Henares

Unas pinceladas de historia

Alcalá de Henares es una ciudad situada en el centro de la Península Ibérica en la transición del Sistema Central a la cuenca del Tajo. Pertenece a la Comunidad de Madrid y dista 31 km de la capital española.

El término municipal ocupa 87,72 km2 y presenta un dimorfismo tanto en su geología como en su paisaje al norte y al sur del rio Henares, con dos unidades geográficas diferenciadas: la Campiña y la Alcarria. La Campiña, al norte, es un terreno con una altitud media de 650 m conformada por depósitos cuaternarios y con un paisaje de suaves ondulaciones. Este territorio es atravesado por los cursos fluviales del Torote y Camarmilla y termina en una fértil vega llana, muy apta para la agricultura, y donde se desarrolla a lo largo de cinco kilómetros, a 585 m de altitud, la actual ciudad.

Modelo digital de Alcalá de Henares mostrando los principales elementos de la ocupación humana - SMarq. Ayuntamiento Alcalá de Henares

Desde los inicios de la reconquista cristiana de la zona, iniciada por Alfonso VI en 1085, Alcalá será el escenario de continuas incursiones por parte de cristianos (1110, 1112 y 1114) y musulmanes, pasando de unas manos a otras, hasta que en el 1118 se conquiste definitivamente la alcazaba musulmana por parte de la corona castellana. A partir de estos momentos (primero tímidamente, pues en Alcalá la Vieja se documentan importantes construcciones del siglo XIV, entre ellas una torre albarrana y una probable iglesia mudéjar) los arzobispos de la Mitra toledana, señores de la villa, impulsarán el emplazamiento del llano, el antiguo Complutum mozárabe, donde se desarrollará desde época medieval, el entonces llamado Burgo de Santiuste, caserío que se irá acrecentando y reformando durante toda la Edad Moderna hasta la actualidad. Convivirán en diferentes barrios, judíos, musulmanes y cristianos, y nos quedan a la luz el intrincado entramado urbano del casco histórico más antiguo (fosilizado en lugares como la calle Mayor), y edificios emblemáticos como la Catedral Magistral y el Palacio Arzobispal y parte de las murallas. Estas fueron construidas en dos momentos, el primero en el siglo XIII. Posteriormente, en el siglo XV, se amplía hacia el sur y este con una de las puertas medievales original a la vista, la de Burgos, así como parte del lienzo norte y oeste cercando al Palacio Arzobispal. Los restos de la cerca interior, que separaba el palacio con la villa así como otros restos parciales, quedaron ocultos bajo los edificios de época moderna y contemporánea que actualmente se levantan y cuya construcción ha afectado enormemente a la trama medieval.

El patrimonio histórico-arqueológico de los siglos XVI y XVII ha sido el que ha servido para incluir a Alcalá en la lista de la UNESCO de Patrimonio de la Humanidad, reconociendo no sólo sus edificios, sino también la planificación de su Universidad. Dicha actuación modificó el urbanismo medieval y cambió el paisaje urbano con la construcción de un elevado número de edificios quedando implantando el modelo de colegio-convento. Se generó un nuevo concepto de ciudad con el objeto de llegar a Dios a través de la cultura, la Civitas Dei, ordenada, funcional y dedicada a la formación de clérigos, de aquellos que habían de participar en las instituciones del estado y de estudiantes pobres.

Imagen manzanas universitarias - Dolores Cabañas
Fachada del actual Rectorado de la Universidad de Alcalá - Colegio de San Ildefonso - Óscar Masats

La ciudad universitaria, la Civitas Dei, considerada como el primer campus universitario ex novo del mundo, fue un proyecto ideado a partir de 1488 e impulsado por el cardenal Francisco Cisneros para alcanzar su objetivo: llegar a Dios a través del conocimiento. Gracias a la bula Inter Caetera y las sucesivas bulas expedidas por los papas Alejandro VI, León X y Julio II consiguió dar forma legal a la universidad y dotarla de las rentas suficientes para hacer que perdurase. El núcleo de esta se desarrolló en la zona oriental de la villa, en el espacio que había quedado entre el primer recinto amurallado y su ampliación, realizada a partir de 1454 por el arzobispo Carrillo, donde el caserío se había ido extendiendo a lo largo del siglo XV, es decir entre la plaza del Mercado, actual de Cervantes y las puertas de Guadalajara y Tenerías.

La “nueva ciudad” proyectada, dividía el espacio en dieciocho islas, siguiendo un trazado ortogonal, con dos calles principales paralelas, la de Libreros y la de Roma (actual Colegios), que eran la extensión de las calles Mayor y Santa Úrsula respectivamente. Para conseguir todo el espacio necesario para su ciudad universitaria y debido a que en la zona existían construcciones anteriores, como el monasterio de Santa María de Jesús o de San Diego, demolido en 1859 para construir un nuevo edificio que hoy se conoce como cuartel del Príncipe de Asturias, el cardenal debió realizar un buen número de gestiones inmobiliarias para facilitar la instalación en las casas existentes o en la mayoría de los casos, la construcción de colegios de nueva planta, destinados a estudio y residencia de estudiantes (religiosos y seglares de toda índole social, incluidos pobres), y docentes, y de todos aquellos servicios necesarios para actividades vinculadas con la vida académica (comercio de libros, industria tipográfica, biblioteca, cárcel, finca de recreo…). Lo hizo de forma rápida y con materiales habituales en la zona, como el ladrillo, el tapial y la madera, donde su unían lo útil y lo bello.

Un recorrido por la muralla

La panorámica que el valle presenta a nuestro pies, es una gran mancha longitudinal de edificios contemporáneos de muy diversa factura, sólo dirigiendo y centrando la mirada hacia el centro-oeste, se aprecia un conjunto más homogéneo, de forma casi circular que nos recuerda por un lado, al intrincado urbanismo medieval, y por el este, un espacio rectangular que recuerda esta vez, al nuevo urbanismo racional renacentista, adaptados ambos a los límites del trazado de las murallas hoy desaparecidas. En este conjunto destacan y sobresalen las torres y cúpulas de edificios de piedra y ladrillo, un gran espacio no construido, al albacar del palacio arzobispal, la gran manzana universitaria y el gran centro histórico medieval y moderno donde destacan por un lado la iglesia-catedral Magistral y por el otro el Palacio Arzobispal.

Vista aérea de Alcalá en junio de 1932 - Ayuntamiento Alcalá de Henares

Alcalá tiene una muy buena comunicación con respecto a Madrid, en autobús, tren o vehículo particular. Con este último, llegando por la A-II y una vez en la Avda. de Madrid, la primera rotonda nos llevaría al yacimiento romano de Complutum, y la tercera nos encaminaría al Casco Histórico. Al lado derecho, antes de entrar al casco, en un cruce de calles, tenemos un edificio del que podemos ver sus fachadas sur y este en ladrillo macizo bizcochado, la Posada del Diablo o del Infierno. De frente y tomando la calle Cardenal Sandoval y Rojas, que discurre entre una de las torres del recinto amurallado y la puerta de Madrid, se llega al parking del Pico del Obispo del Palacio Arzobispal. A partir de aquí se inicia verdaderamente nuestro itinerario medieval y moderno.

Desharemos nuestros pasos unos 100 m para ver la puerta de Madrid, mandada edificar por el Cardenal Lorenzana en 1788, sobre una de las originales medievales del recinto amurallado. En estilo neoclásico, destaca de sus tres vanos, el central con arco de medio punto entre pilastras dóricas y remate superior con entablamento y frontón, y por el que desfiló en 1956 bajo las órdenes de Stanley Kubrick, el ejército de esclavos de la película Espartaco.

A continuación y para introducirnos de forma rápida en la evolución urbana de Alcalá de Henares en la Edad Media se puede visitar el Centro de Interpretación del Burgo de Santiuste (nombre que recibió Alcalá de Henares en época medieval), frente al acceso del parking, donde a partir de imágenes, infografías, textos y piezas arqueológicas se presentan las claves de la ocupación humana de la ciudad en esos momentos.

Lo primero que nos encontramos es con los únicos restos del recinto amurallado que se conservan, y que pertenecen al recinto amurallado del Palacio Arzobispal. Alcalá contó en su día con tres murallas, la que cerraba la villa donde convivían los vecinos con diferentes confesiones religiosas, levantada en el siglo XIII, y reformada durante los siglos posteriores, la ampliación del siglo XV que se extendía hacia el este para albergar las nuevas construcciones extramuros, mandada levantar por el arzobispo Carrillo y por último, una interior que cerraba el conjunto del Palacio Arzobispal. Murallas que una vez perdidas sus funciones defensivas y fiscal, fueron arruinándose hasta demolerse a finales del siglo XIX, quedando en pie y a la vista, únicamente la fortificación del Palacio.

Vista aérea del Palacio Arzobispal y su recinto amurallado - SMarq, Ayuntamiento Alcalá de Henares

De las veintidós torres y siete puertas y postigos (de Madrid, de Santa Ana o del Postigo, del Vado, de San Julián, postigo de las Tenerías o de Fernán Falcón, de Guadalajara, también llamada del Mercado, postigo de la Judería, de Morería y de Burgos), con las que contó originalmente, hoy solo se conservan visitables e integrados en la ciudad unos 2 km de los lienzos norte y noroeste; la muralla interior que reedificó Pedro Tenorio y que separaba la fortaleza-residencia de los arzobispos, del caserío al Sur. Se conserva también, la puerta de Burgos, entrada norte al caserío, los cimientos de parte de lienzos y una torre de la ampliación del arzobispo Carrillo (1454) en la plaza de San Lucas. Restos de gran envergadura, restaurados y reconstruidos en parte, y ocultos bajo las construcciones actuales, pero conocidas gracias a la arqueología, parte del lienzo sur y torre, al este de la Puerta del Vado, en la calle de la Pescadería (nos 26 y 28) que demuestran que la alineación de la calle actual no sigue exactamente la muralla, sino que está unos metros detrás de la actual línea de fachadas.

Las murallas se pueden visitar por el exterior o por el interior o incluso hacerlo por los dos lados, ambos itinerarios parten desde el Centro de Interpretación.

Torre XIV con su poterna, con las diferentes fases constructivas - SMarq, Ayuntamiento Alcalá de Henares

Desde el Centro de Interpretación yendo hacia el oeste, se pueden observar parte de los lienzos y tres torres reedificados en el último tercio del siglo XIV, la primera torre, la nº 15, con el escudo con un león rampante del arzobispo Tenorio, a continuación, la puerta-torre 14, cuya cota original y solado de cantos rodados se ha recuperado y por la que se accede al albácar, la zona libre de construcciones, huerta, de acuartelamiento de tropas y refugio de los habitantes de la ciudad en caso de ataque. Desde este espacio se pueden ver todas las torres y pararse a observar las fábricas originales: las torres con cimiento y zócalo de sillares y alzados con cajones de mampostería entre hiladas y machones de ladrillo; y los lienzos de la muralla con zócalos de mampostería, y alzado de casetones de tapial entre hiladas y machones de ladrillo. La puerta de acceso presenta un arco apuntado al exterior y de medio punto al interior, conserva las gorroneras (mecanismo para el encaje de los ejes de giro de la puerta) y la buhonera en la parte alta (agujero para controlar el acceso desde la planta primera). Junto a ésta se localizan estructuras de construcciones de los siglos XIII y XIV.

Entre la excavación arqueológica y la muralla se encuentra el Antiquarium del Palacio Arzobispal, espacio expositivo bajo tres arcos construidos el siglo pasado, donde a partir de paneles y piezas arquitectónicas y decorativas el visitante puede conocer la historia, arquitectura y magnífica decoración plateresca, obra del arquitecto y escultor Alonso de Covarrubias del Palacio Arzobispal, antes de su destrucción en 1939. A su lado subiendo una escalera, se accede al adarve desde el que se pueden visitar las torres 15 y 16 y tener una panorámica del albácar por un lado y de la ciudad por el otro.

Excavaciones arqueológicas en el exterior del portillo de la torre XIV del recinto amurallado del Palacio Arzobispal - Vicente Pérez
Detalle del Antiquarium del Palacio Arzobispal - Carlos Mora

El Palacio Arzobispal

A continuación se pueden visitar los únicos restos que quedan en pie del Palacio Arzobispal, edificio que tiene su origen en un antiguo alcázar medieval y que tras continuas reformas adquiere la configuración de un palacio renacentista urbano, lujoso y fastuoso en el siglo XVI, con los arzobispos Fonseca y Tavera. En él se celebraron concilios, residieron arzobispos y reyes, y se sucedieron acontecimientos tan importantes como el nacimiento de la infanta Catalina, esposa de Enrique VIII y, la entrevista entre Isabel la Católica y Cristóbal Colón, que propició el descubrimiento de un nuevo continente.

Tenía una estructura arquitectónica fundamentalmente renacentista con crujías cerradas longitudinales, patios y logias. Contaba con cuatro patios en torno a los brazos desalineados de grandes y largas crujías en forma de cruz griega y de dos plantas. Con una ornamentación principalmente plateresca en el que el grutesco era la base temática fundamental, con dramáticas formaciones fantásticas: niños, tritones, candeleros, pájaros, bucráneos, panoplias, tenantes, tallados en altorrelieve y que se debían a Alonso de Covarrubias.

Tras el fatídico incendio ocurrido en 1939 solo quedan en pie, parte de la fachada del Ave María (junto al parking) que abría a un espléndido jardín: el jardín del Vicario, los restos de la crujía oeste del patio de Columnas o de Fonseca, donde se localizó el Archivo General de la Administración en 1858, y del que únicamente quedan en pie las fábricas de ladrillo desprovistas de decoración y prácticamente arruinadas. Enterrada a escasos 30 cm de la superficie, se conserva en planta la totalidad del conjunto con las huellas del incendio que lo arruinó, como se comprobó a partir de excavaciones arqueológicas. Se conservan y se pueden ver; los arcos de la crujía norte del patio de la Fuente, y en el extremo noreste, la puerta de Burgos, de acceso directo, con arcos apuntados y dos pisos más terraza. Se construyó con ladrillo y cajones de tapial enlucidos. Al adarve se llega a través de una escalera que parte de la planta baja. Originalmente se construyó en el siglo XIII y cuenta con reformas del XIV-XV y XVI, y dejará de tener uso a partir de la construcción del monasterio de San Bernardo en 1618.

Recinto amurallado. Puerta de Burgos, antes de la restauración de 2010 - Vicente Pérez
Recinto amurallado. Puerta de Burgos, después de la restauración de 2010 - José Luis González

Por último del Palacio se puede ver la fachada de la crujía norte del Patio de Armas, donde se instalaron las oficinas de Contaduría de las Rentas Decimales, según reza en las inscripciones de las ventanas. Se trata de una fachada de gran sencillez, de tres pisos (dos plantas más la logia superior o galería) que responde al modelo arquitectónico renacentista castellano, donde los ornamentos se concentran en los aleros, sobre los vanos (ventanas y puerta) y galería con arcos de medio punto. Destaca el barroco escudo en arenisca del Cardenal Luis Antonio Jaime de Borbón (1735-1754) de la fachada.

El recinto amurallado desde el exterior

Desde el Centro de Interpretación del Burgo de Santiuste, se ven las torres 15, 14 y la torre 13 de la esquina, se continuaría por donde en su día se localizaría el foso, cuya existencia se ha documentado arqueológicamente, hoy está colmatado y convertido en un paseo ajardinado donde se exponen 58 esculturas de arte contemporáneo en el Museo de Escultura al Aire Libre, y que recorre la calle Andrés Saborit y la Vía Complutense. Durante el recorrido se pueden ver las torres cuadrangulares, excepto una semicircular del siglo XIV y la albarrana, exenta y de forma pentagonal en la esquina noroeste, y los lienzos que las unen, en su mayoría reconstruidos.

Una vez finalizado este recorrido nos volveremos a introducir en el casco histórico por el arco de San Bernardo, abierto en el siglo XVII, tras clausurarse la antigua puerta de Burgos, ya que al edificarse el monasterio de San Bernardo, popularmente llamado las Bernardas, se quedó en el interior de su huerta.

En la búsqueda del recinto amurallado nos encontramos con la plaza de las Bernardas donde se localizan el colegio-convento dominico de la Madre de Dios, construido en el siglo XVII sobre una antigua casa de los Mendoza, y que hoy se transformado en el Museo Arqueológico Regional y el monasterio de San Bernardo, uno de los mejores edificios del barroco español, trazado por Juan Gómez de Mora, con la iglesia de planta oval con seis capillas, dos claustros y toda una serie de edificaciones anejas. El conjunto en proceso de restauración, puede visitarse en parte, su interior alberga un Museo de Arte Religioso, un magnífico retablo-baldaquino y una colección de pintura de Angelo Nardi, el claustro Menor y estancias de servicio del monasterio en la llamada casa de la Demandadera. En ésta se documentó arqueológicamente la fachada norte del palacio Arzobispal y dos de sus ventanas platerescas, que hoy lucen magníficas gracias a la restauración de 2011.

Al lado oeste de la plaza se localiza la fachada este del palacio Arzobispal, que remata en la esquina, con el torreón del Tenorio, del siglo XIV, con escudos de armas del arzobispo, saeteras, almenas y merlones que nos informan de su carácter militar, y a los que se añaden ventanas ajimezadas, tras su transformación de fortaleza medieval a palacio renacentista y un balcón de estilo tudor, construido en las reformas del siglo XIX por Manuel Laredo. En los sillares con que fue construido, la mayoría procedentes de la antigua Complutum, destacan cerca de medio centenar de marcas de cantero medievales. La última torre de la muralla interior del recinto del Palacio es la torre de la Fuente, posiblemente de la misma fecha que el torreón del Tenorio.

A partir de la plaza de las Bernardas se pueden recorrer las calles del intrincado urbanismo medieval compacto y amurallado que dan como resultado una planta circular con el centro en la iglesia, de la que partían las calles de forma radial hasta las puertas de la muralla donde las manzanas se estrechaban. Resultado de que la villa, a partir del siglo XII, fue ocupada por población de tres confesiones: cristiana, judía y musulmana, se crearon tres barrios, con sus casas, lugares de culto (iglesias, mezquitas y sinagogas), talleres y negocios. La ubicación de estos barrios están marcados en superficie a través de placas donde se señalan sus límites y localización de los principales edificios que en su día existieron, con símbolos identificativos: una cruz, una media luna y un candelabro de siete brazos